miércoles 14 de marzo de 2012

Sobre esos abusos cotidianos que permean los cuerpos



Por Gabriela Montiel

Managua, mañana de sirenas, Lunes/Martes/Miércoles, ha sido lo mismo todas las mañanas, paradas llenas, grupos de universitarios/as, trabajadores, madres con sus hijos; en fin pareciera que el día inicia con su ya típico y naturalizado caos, saturación y tiempo detenido.
La espera, estado subjetivo que se vive en cada cuerpo partiendo de la percepción de la temporalidad, espacio y expectativas; es decir de las subjetividades que cada persona carga desde que se levanta de la cama, acompaña a la cantidad de personas que planifican poder tomar una ruta con tiempo, para llegar a su destino.

Sin embargo, algo no fluye en el tráfico de las rutas, algo no funciona. Rutas llenas, conductores y cobradores que gritan que hay espacio, que avances, que no te quedes en medio cuando el medio, ese espacio mítico en el imaginario de los buseros no existe, es una invención que justifica la presión psíquica que ejercen las voces masculinas con poder circunstancial que busero/cobrador ejercitan sobre las corporalidades/mentes de los/as que abordan una ruta.

Uno de los focos mas problemáticos hoy por hoy desde hace un mes es la parada de la UCA, congestión, desesperación y angustia se puede percibir en las caras de aquellos y aquellas que esperan sin esperanza, al ver pasar cuatro 168 seguidas sin posibilidad de subirse, pues solo 5 logran ubicarse en el camino que va de la puerta de la ruta a la silla del conductor, con la puerta medio abierta y bajo amenaza del busero de “Voy a cerrar, avancen” mientras los cuerpos apretujados luchan por no ser aplastados por la amenaza latente, real.

Para la mayoría de personas que están esperando ruta en la parada de la UCA entre 7:00 am y 8:00 am hay dos destinos posibles; universidades y trabajo, generalmente esperan por 3 rutas 117, 111 y 168 que se han convertido en las rutas más disputadas, las rutas del abuso cotidiano.

Hay menos unidades laborando, es una realidad, hay menos responsabilidad de los buseros por cuidar a quienes utilizan el servicio, es una problemática real; hay más posibilidad de abuso en condiciones de escasez o de mala distribución, esta es la condicionante.
Cuando los grupos de estudiantes observan que se acerca una de estas tres rutas corren en grupos o de manera individual, los que van solos suelen ser los más golpeados al momento en que se desarrolla La Lucha.

A un lado la lucha de clases de Marx, la lucha que en la puerta de entrada de las rutas se manifiesta es un momento/espacio de confrontación desde lo físico y desde la agresión  inconsciente de un grupo de personas que anhela o buscar satisfacer una necesidad, alcanzar un objetivo para lograr un fin; que es llegar a tiempo a un lugar determinado, entiéndase trabajo, universidad, otro.

Los empujones, pisoteadas, aventajar al otro/a anteponiendo el cuerpo, la condición física, el tamaño, la estatura, el género, la edad para lograr llegar a un lugar donde la incomodidad y el ambiente de lucha continua. Espacios comprimidos, espacio de temor a ser manoseadas desde la condición del cuerpo femenino, espacio potencial de ser robados/as y sobre todo un espacio en el cual desde la entrada se es abusado/a, agredido/a.

Se pagan 2.50 para recibir empujones, para luchar dentro del bus, para escuchar los gritos e imposiciones del busero y del cobrador, para quedar sordos/as con la música alta que estos llevan, para entrar en una esfera en la cual el que más empuja sobrevive, donde la empatía, la solidaridad y el reconocimiento del otro no son los ni por cerca los principios que rigen la vivencia de un espacio que en otros términos está lleno de competitividad desde el cuerpo y desde la agresión.

Salís de la ruta con sentimientos de enojo, frustración, rabia, sobre todo cuando el busero se asigna el derecho de cerrar con broche de oro la jornadas morboseando a las chavalas que van bajando de la ruta, sin disimulo y con la complicidad muchas veces del cobrador, en fin una experiencia cotidiana de abuso que permea los cuerpos.

Y como si no se tuviera suficiente el abuso continua desde la entrada de las universidades, muchas veces los CPF también son acosadores aprovechándose del uniforme que portan que desde el simbolismo y los imaginarios denota un poder, una autoridad que perfectamente puede ser desmontada y los/as docentes en sus aulas de clases lejanos voluntariamente o no a estas realidades que los/as estudiantes vivencian solo exigen que se esté puntual a las 8:00 am.


Artículo publicado en el Nuevo diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/245399-esos-abusos-cotidianos-que-permean-cuerpos





miércoles 22 de febrero de 2012

La violencia como sistema simbólico/relacional que configura identidades



Gabriela Montiel

Si hiciéramos una lista o un análisis de aquellos elementos que nos constituyen como personas, como seres humanos, la violencia es una de las fundamentales. La violencia traspasa nuestras experiencias de vida en todos los niveles, corporal, psíquica, mental, emocional, social, religiosa y cultural. Nuestras corporalidades se moldean en base a la violencia y sus sistemas de significados que se despliegan por el amplio espacio de la cotidianidad, en nuestras relaciones íntimas o superficiales con otros y otras.

Hablar de violencia es al mismo tiempo hablar de recuerdos, recuerdos guardados, negados y olvidados, recuerdos fijos y recuerdos móviles, que construyen a la persona y la posicionan en un espacio/contexto y se manifiestan en la narrativa de un ser que significa y resignifica sus encuentros con el sistema de la violencia.

La violencia es un asunto individual y por ende un asunto colectivo/social, que deambula y se inserta en las vivencias que ocurren en todos los estadios del desarrollo humano, desde la niñez hasta la muerte, configurando el sentido, la valoración y la imagen que sobre la vida y la relación social se construye cada persona desde su nicho, desde su nido.

Los gritos, los castigos físicos en nombre de la obediencia, de la famosa frase es por tu bien y de una herencia eternizada de la manera de percibir a los/as niños/as se impregnan en el proceso de formación de la autoimagen y de absorción del mundo externo que por esto mismo se convierte en interno, propio de la consolidación de la personalidad e identidad humana.

Que un niño aprenda temer al movimiento que padre/madre realice de tomar una faja, un palo o una coyunda para amenazarlo es parte del condicionamiento y recepción de estímulos violentos que van definiendo la persona que ese niño/a va armando en la cotidianidad. Los insultos, las personalidades pasivo/agresivas de la madre que por no hacer escándalos obvios y por niveles bajos de tolerancia a la frustración y la presión social opta por pellizcar de manera disimulada al niño y luego en público preguntarle porque llora son patrones de violencia que calan en el imaginario de un ser humano que está absorbiendo las normas de funcionamiento sociocultural del grupo en el cual nace y se conforma.

En el imaginario humano, la violencia que tiene como una de sus manifestaciones el agredir físicamente pero que es mucho más amplia que este ejemplo, como la violencia simbólica de la que habla Bourdieu, ha sido utilizada y entendida como instrumento de poder, primeramente por grupos de dominación (padres, hombres, estado, iglesia, modelos económicos, política exterior, guerras) pero también han sido  “armas” que los/as dominados/as (mujeres, pobres, indígenas, niños/as) han usado pero desde la mentalidad e imaginario de la dominación, desde lo subterráneo de la realidad del dominado/a.

La violencia es una narrativa que a diario se puede observar y analizar, en los medios de comunicación, en la televisión, en la cultura política, en las relaciones de género, en las relaciones de pareja, en la relación de padres e hijos, en las relaciones sociales, en la cultura sexual, en la relación sexual misma, en lo interno e inconsciente de la misma persona, en los sueños; la violencia traspasa al ser humano de maneras consientes o no, directas o indirectas, asumidas u obviadas, es un constante ir y venir de flujos de violencia/agresión que desde la práctica constante y definitoria se instalan en los cuerpos y en las mentes y se vuelven naturales, se norman, se asumen como parte de la vivencia humana.

La violencia en el lenguaje no solamente es explícita, usando expresiones humillantes, de posesión, dominación y rechazo, sino que en el lenguaje sutil que desde la semiótica se puede desarmar partiendo de su naturaleza contextual, se reacomodan las manifestaciones de un imaginario marcado por la violencia desde las formas de excluir, de manipular (propias de los dominados), la discriminación solapada, la crítica que destruye sin ser evidente, las subestimaciones, la condescendencia, la coerción desde el amor, la protección, la solidaridad o la fe.

Surge entonces una necesidad, partir de las vivencias y del lenguaje como vías de análisis de esas manifestaciones culturales y de los patrones establecidos de la violencia como mecanismo identitario, como discurso de configuración, como instrumento de poder y de dominación.

Entender la violencia como sistema nos lleva a identificar que lo compone, que lo define como tal, sus partes, sus significados, sus discursos y sus comportamientos y patrones propios de un conjunto de elementos simbólicos, que se construyen a partir de devenir de cada espacio social, de cada cultura.

La violencia es parte integral de nuestras identidades, toca reconocerla, darle su lugar para entonces poder transformar y deconstruir ese sistema que portamos en nuestras corporalidad y psiques, desde las vivencias sociales y culturales a las que pertenecemos. 


Artículo publicado en el Nuevo Diario 
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/242931



miércoles 15 de febrero de 2012

Entre criar un perro y criar un niño




Por Gabriela Montiel

Vanesa tiene un perrito  pequinés de menos de un año al que pasea todos los días por la colonia en la que reside. Se sienta con él en las bancas que están por el campo de beisbol del lugar, le sonríe, le habla como se le suele hablar a los bebés, hasta la voz le cambia, lo chinea, lo mece y lo cuida del viento y de los otros perros más grandes los cuales pueden golpear o agredir a su pequeño perrito. Es más, hasta lo cuida de los humanos, no vaya a ser que no se fijen por donde caminan y lo pateen o golpeen sin intención, o con ella. Vanesa toma todas las precauciones posibles para proteger a su mascota.

Cuando no lo está cuidando, lo controla. Le grita diciendo “Venite para acá Junior te digo, haceme caso jodido, que te vengas, si no me haces caso vas a ver…pasame ese palo, que te vengas”, en fin es otra de sus manifestaciones de amor y de protección hacia su querida y amada mascota.

Lo interesante de este cuadro, es que no hay mucha diferencia con la relación que guardan las mujeres de todas las edades, entre esta forma de vinculación que consiste en protección/control de las mascotas animales y en la relación que se establece entre las mujeres y los niños, pequeños, sean estos hijos, hermanos, sobrinos.

En la misma colonia del inicio de este artículo, en una casa que está encerrada por verjas blancas se puede apreciar a dos niños de entre 3 y 5 años jugar desde el fondo, moverse de un lado para otro, y hablar desde detrás de las verjas, casi no se ven, por las verjas que solo cuentan con hoyitos pequeños, pero se les escucha, llorar, gritar y jugar. Encerrados.

Cerca de esa casa a un perrito pequeño lo tuvieron amarrado a un árbol de la calle por dos semanas, retorciéndose y aullando, amarrado sin poder estirarse bien ni relajar los músculos. Situación parecida a la de los pequeños encerrados, previamente mencionados.

No solo en la dimensión del control se asemeja la relación de los humanos con los niños y las mascotas animales. El tema de la protección y del performance que esta vinculación emocional implica alcanza niveles creativos de manifestación.

A las niñas de dos años ya se les hace andar de taconcitos, aunque renqueen y caminen más lentamente, a los perritos se les ha domesticado para andar el pelo de cierta forma, se les lleva al salón de belleza para perros, se les chinea en vez de dejarlos correr lo que limita su desarrollo y bloquea sus instintos básicos de movimiento, lo inhabilita, les quita capacidades y los transforma en lo que para el imaginario humano viene a ser como el ideal de mascota fetiche, bonito, arreglado, limpio y los más humanoide posible, alejándolo de su naturaleza canina y llevándolo a niveles de personificación cercana de un niño humano.

A los niños  y a las niñas también se les coarta su desarrollo en aras de esa tan defendida protección y cuidado, de hecho muchos adultos, hombres y mujeres, usan ahora esas mochilas estilo correa por medio de las cuales controlan la distancia permitida que los pequeños/as pueden avanzar y si se pasan un poco de este límite pues a jalar la correa infantil. O simplemente pasan tras las verjas de la vivienda, observando de lejos la calle y a los otros niños/as que pasean por ella.

Las libertades de movimiento, el control, la protección, el mismo fetichismo relacionado a lo que se impone como vestimenta, como accesorios de uso y de disfraz para niños, niñas, posee alta similitud con las exigencias que se construyen en base a las mascotas animales.
La comunicación verbal y corporal, las señas y los sonidos son muy parecidos, las amenazas, las recompensas, los juegos incluso, las maneras de deshacerse de los pequeños es muy parecida a la manera de hacer a un lado al perro cuando esta estorbando. Aunque algo significativo para analizar es el caso de cuando los perros, las mascotas son mejor cuidadas que los niños y niñas de la casa, pasan estos últimos a ser entonces a ser parte de un nivel de atención y cuidado secundario y en un primer lugar se ubica la persona de la mascota animal, que mas allá de humanoide pasa a ser parte de la familia, tiene un nombre, una comida, un lugar de dormir, una relación íntima con los dueños, hombres y mujeres y una vinculación de dependencia y no de autonomía con ellos y ellas.

Puede que este elemento de la dependencia sea el que conlleva a valorar y atender más a un perro que aun niño/a humano/a, debido a que el niño humano habrá que pegarle para que haga caso, esto según el imaginario familiar/social/cultural de los adultos, mientras que el perro se domestica, a veces hasta se oyen expresiones como “parece gente porque entiende, porque hace caso” en referencia a la conducta obediente y dependiente de las mascotas animales, en este caso de los perros.

Puede que la mascota humana, los niños y niñas, por tener como característica de desarrollo de la personalidad, la curiosidad, el lenguaje hablado, las rabietas y el enfrentarse con la autoridad represora, sea un objeto/fetiche poco atractivo o menos atrayente para el imaginario humano en cuanto a sus necesidades de dominar, controlar, poseer y sobre todo manipular/instrumentalizar las identidades, tiempos y vida de aquellos seres que se les ubica como protohumanos o humanos en etapa inicial, en la cual están incluidos los perros.


Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/242115

sábado 28 de enero de 2012

Desmenuzando los Culebrones culturales y su efectos en el público



Por: Gabriela Montiel

La tendencia de alargar dinámicas, discursos e imágenes, de reutilizar al exceso un objeto cultural, una idea, es parte de lo que se podría denominar tendencia a los culebrones culturales.

En el lenguaje popular y relacionado con la dinámica mediática, los culebrones son entendidos como aquellos programas televisivos, generalmente telenovelas, encargados de alargar un drama del cual ya todos/as los/as televidentes conocen el resultado, hay una víctima, un hombre o mujer deseado/a, que es conflicto entre dos personajes secundarios, lo  que estirará la trama para probar las maldades y bondades de los personajes.

Esta trama remasticada por los productores de dichas telenovelas refleja la vida prefabricada y mal actuada de personajes que conectan con los/as que disfrutan, se identifican y juegan a aprender valiosas lecciones a través de estos contenedores de programaciones culturales.

Las novelas no surgen de la mente autónoma de un guionista, contienen elementos vividos  por una sociedad y  una cultura, los cuales  son maquillados, planchados y semi actuados por los actores y actrices contratados para devolverles como bocado regurgitado e inflado; esas historias y realidades a lo que se convertirán en televidentes y seguidores de la trama de las vidas sufridas de los personajes, historias que vienen a conectar de manera subjetiva y concreta con los imaginarios de los/as espectadores/as.

El gusto por los culebrones conecta con el hábito social de la fijación hacia tramas, discursos y escenas culturales que por su repetición y lealtad a los guiones heredados desde la historia  no cambian mucho, lo que si cambia son los actores, los momentos y las locaciones en las cuales se desarrolla la puesta en escena.

Desde la antropología política y los estudios culturales de las dinámicas que conforman la denominada  cultura política se trabaja con las categorías dramas sociales y juegos políticos, desde las cuales los culebrones entran como un tipo de escena sociopolítica en la cual hay actores y espectadores.

Los guiones de estas escenas políticas poseen  tendencias fijas, el bueno/malo, los aliados del protagonista, alrededor del cual se desarrollan una serie de tramas que pueden contener alianzas, venganzas, chismes, estrategias de desprestigio y de negociación, que se plasman en los parlamentos de los dramas políticos.

Estos  guiones fieles a sus patrones obsesivos y repetitivos, se complementan a su vez con el papel representado y asumido por los espectadores. En el caso de los culebrones políticos, serían la ciudadanía, los medios de comunicación televisados o escritos, las organizaciones políticas siendo todos estos grupos espectadores periféricos a las grandes personalidades, figuras e imágenes.

Dichos espectadores tienen diferentes niveles de relación con la puesta en escena. Algunos/as puede que sean distantes y  tomen como fuente de entretenimiento, de ocio o de curiosidad temporal lo que sucede en el escenario político cultural.

Otros desde los diversos grados de subjetividad con los cuales un/a espectador/a se puede relacionar con la trama, guión y actuación de una puesta en escena, tenderá a tomar bandos, identificarse o idealizar a los personajes, todo esto al punto de inclusive conectar la emocionalidad personal con la realidad, eventos y momentos significativos o de quiebre entre los personajes a lo largo de la puesta en escena.

Hay unos/as que realmente vinculados con la trama asumen posturas de conexión directa con la puesta en escena, la cual consideran una historia verídica, de este modo el aliado (personaje idealizado) es quien importa dentro del imaginario del espectador y el enemigo (personaje que se condena o se juzga) es a quien se debe eliminar, y solo hay una forma de entender e interpretar la trama, la que conecta las necesidades del espectador con lo ofrecido  por el drama político.

Los mensajes enviados a los/as espectadores desde el escenario, desde los parlamentos, los movimientos, los tiempos y las escenas pasa a entenderse como una realidad política dentro de un espacio social y de interacciones simbólicas que asientan su ejercicio en un performance maquinado,  en el cual sin ensayo previo los personajes asumen los papeles heredados por la historia y las tramas asignadas por una cultura política validada.

Los parlamentos poco cambian, aún cuando los tiempos, las fechas y los siglos si lo hagan. Las programaciones culturales, guiones y escenas que conforman la cultura política de cada comunidad o grupo y la relación actores/espectadores pasan a ser una tradición bien mantenida desde la lógica del entretenimiento, la vinculación emocional y la total credibilidad de su mensaje. Los actores/actrices ríen después de cada función. 


Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/240398

sábado 14 de enero de 2012

Futuros escenarios para cuerpos y campos representados



Por: Gabriela Montiel

Las mujeres que en el corto, mediano y largo plazo van a ser violadas tienen un elemento básico en común, no saben ni se imaginan que serán violadas por alguien, que en algunos casos no conocen, en otros que se podría sospechar y en algunos de parte de sus propias parejas o familiares.

Estas mujeres, que sin brindar cálculos exactos, un porcentaje importante y vidas esenciales, experimentan dos estados de conciencia vinculados con la posibilidad de ser violadas.

El primero consiste en el hecho de tener el temor, presente en la cotidianidad, a la salida del trabajo, en una calle oscura, al tomar un taxi, al bajarse de una ruta, al salir de una fiesta, al tomar aire fresco de un karaoke, al pedir raid; de que pueden llegar a ser violadas.

Este temor constante dirige en este tipo de mujeres de alguna manera la brújula de para estar atentas cuando caminan por la calle, para observar de manera disimulada a algún tipo o grupo de hombres que vayan caminando detrás de ellas, por una esquina, o que intuya la observan de lejos.

En estos casos, para estas mujeres que conviven y tratan de funcionar con el miedo a ser violadas las sospechas y el temor, la paranoia nocturna, urbana, al extraño, a los grupos de hombres por las esquinas, en las paradas de buses, por los parques, las canchas de baseball o de futbol, en fin por todos los posibles lugares espacios o focos de la ciudad en los cuales podría estar posicionado y observando como buen cazador el posible o futuro agresor/violador.

En un segundo nivel de conciencia, están las que sin tener presente este temor de manera concreta, ya sea cuando toman un taxi o caminan por una calle oscura, llevan de manera inconsciente el temor impregnado en el cuerpo, en la psique, en el imaginario. Porque aún cuando existan víctimas masculinas, las mujeres son las que de manera más determinada han sido configuradas para temer lo que debido a su cuerpo les pueda ocurrir, sus genitales y su fisionomía invitan  a ser ultrajados, esto desde el imaginario social que en cada cultura y sociedad con sus diversas variables y variantes este presente.

El cuerpo, materia y espacio desde el cual hombres y mujeres se relacionan con el mundo, con lo social, con lo afectivo y con la cultura es un campo de significados e imágenes que desde los procesos de configuración de identidades y desde la programación social juega un papel fundamental en lo que resulta ser la vida cotidiana y el sentir/se en las distintos escenarios y pasadizos de interacción.

El cuerpo como referencia, punto de partido y representación/presentación de lo que se es, se cree ser y se aprende a ser, contiene y manifiesta en su interior y exterior las vivencias, experiencias y discursos de quien lo porta, sea este que posea una vagina, un pene, o este en transición ya sea psíquica o corporal.

El asunto es que en el cuerpo/ campo se vivirán una serie de historias, memorias y olvidos (que no se lea literal esta palabra) que contendrán de manera tal como el ADN la genética humana y su herencia, la información y la esencia clave para graficar la afectividad, los temores, las historias y las representaciones que este avatar humano/corpóreo ha ido asumiendo como suyas y como parte de la identidad, pues la identidad corpórea es una y muchas veces la psíquica, genérica y social/cultural es otra. No responden a la lógica matemática sino a la parte de la física cuántica de las posibilidades.

En el cuerpo denominado femenino, esto desde la concepción e imaginario que definiría lo femenino en contraposición con otro denominado masculino, que vienen  a ser  ambos fronteras poco razonables pero usadas desde la medicina, la política, lo social; ocurren una serie de dinámicas, instaladas a partir de un sistema de significados relacionados entre sí que asumen que esta corporalidad deba ser un campo plagado de dolor, incomodidad, inseguridad, debilidad, enfermedad, descontrol, suciedad, pecado, represión y condena.

Categorías entrelazadas con otros sistemas de relaciones de significados que bien podrían adentrar en las cosmovisiones y en las ideologías que cada sociedad y cultura haya construido y desmonte para luego resignificar en el transcurso de los procesos de instauración de creencias, de valores, de ideas, de pensamiento y sobre todo desde los imaginarios.

Dichos imaginarios guardan una estrecha relación con lo que se representa, con lo que se teatraliza, con lo que se asume como el rol, el papel que toca trabajar en esta semiprogramada realidad que a muchos y muchas les resulta natural, dictada por un ser divino, parte de la evolución y por ende algo incuestionable o meramente algo que debe ser así como es porque sí.

El cuerpo asume estas representaciones y entre los códigos que se insertan en el campo corpóreo de lo tachado como femenino junto con las categorías mencionadas en 3 párrafos anteriores, el miedo es un motor permanente en la cotidianidad, en la vivencia de la sexualidad, en la incursión de lo público que depende de lo privado y viceversa, y en la posibilidad de desdoblamiento  que sea posible o no en cada cuerpo portado por cada persona que asume llamarse Carla, Lucía o Ximena.

Las mujeres que serán violadas en los próximos meses, en todo el 2012, las que serán asesinadas, algunas lo sospechan, otras no, algunas viven asumiendo ese temor, otras lo manejan en su inconsciente, en las pesadillas, en el temor a su propio cuerpo, a su sexo, a sus orgasmos.

Estas mujeres contienen en su imaginario, en su cuerpo, en su emoción, en la vivencia cotidiana los códigos configurados de un espacio/cuerpo/campo que ha sido tachado de pecaminoso solo por ser, y por lo tanto de ser proclive a ser invadido, castigado y violentado pues solo hecho de ser lo que es y ser como es provoca que las agresiones, que los/las agresores/as apunten sus intenciones sádicas y de posesión a esta materia andante a la que solo le queda asumir el miedo y caminar con este cada día, hasta que se concrete o se evite, hasta que se enfrente, se luche contra este y se pueda reinventar un cuerpo en el cual estos códigos sean otros y los que ahora están impregnados en las células de este cuerpo de Pamela, de Martha o de Inés solo sean un antecedente amargo que dejara entonces aprendizajes valiosos para los otros cuerpos e identidades que están creciendo y para los/as que viene también. 

sábado 17 de diciembre de 2011

Estrategias de olvido colectivo, amnesia desde lo individual a lo social



Por: Gabriela Montiel

Olvido y negación, amnesia social, colectiva y familiar, son algunas de las estrategias culturales que la sociedad nicaragüense, y que en general la humanidad aplica en la vida cotidiana; tanto desde lo político, histórico y social, desde lo individual a lo colectivo.

La sobrevivencia social y afectiva desde el individuo se presenta con una serie de prácticas funcionales que en la psicología se denominan al menos desde los primeros teóricos como mecanismos de defensa, que permiten que la persona continúe con su vida y no se quiebre emocionalmente, por eso se podrían catalogar como funcionales  pues resuelven el día a día, esto si lo único importante y relevante en la vida humana fuera el rendir ante las exigencias sociales, laborales, afectivas y culturales, el asunto es que para bien o para mal no es esto lo único que pesa.

En la dimensión personal que está estrechamente relacionada a la familia y los espacios cercanos de socialización ya sean estos escuela, iglesia, barrio, y otros la afectividad, la protección y la seguridad en conjunto con la libertad de ser son los hilos que van cociendo la identidad, el Yo tan estudiado, la conciencia que no es estática ni dura. Cuando alguno de estos elementos, u otros que se podrían mencionar resultan dañados, heridos, violentados, reprimidos o mutilados (cuando se les niegan a la persona) esta experiencia marca la vida, la identidad, la conciencia y la afectividad de agredido/a sea niño/a, adolescente, joven, adulto, la alteración es importante de tomar en cuenta.

Ante una agresión que atenta y en algunos casos anula los elementos de protección, seguridad, afectividad y libertad de ser la persona aprende desde esos espacios socializantes empezando por la familia, ya sea nuclear, extendida, la calle; las maneras y las estrategias de las que puede hacer uso para sobrevivir ante estos quiebres claves en la vida humana.

Las estrategias ante el dolor, la pérdida, la soledad y las heridas en la identidad son construidas desde los diversos ejes de la vida humana, social, cultural, religioso, político, familiar; estos espacios y dimensiones entendidos como ejes coexisten en la cotidianidad todo el tiempo, en diversos niveles influyen las tomas de decisiones de las personas, los procesos de cambio, las opiniones y sus memorias.

Desde la cultura un grupo conociendo o no su propia historia, dialogando o no con su pasado, reconociendo o no a sus ancestros construye y configura estrategias y procesos de cómo hacer frente a situaciones traumáticas, de quiebre y de dolor/pérdida. En este sentido países que han experimentado en su pasado ya reciente o lejano genocidios, guerras, dictaduras, golpes de Estado, revoluciones; son espacios donde el dolor, el trauma, la soledad, la inseguridad y la angustia divagan por las calles de cada lugar del territorio, puesto que las muertes físicas son más que lo evidente puesto que significan duelos colectivos y sociales y traumas que impactan en las identidades y en los imaginarios de todos y todas los que conviven o malviven en los espacios donde ocurren los eventos traumáticos de dolor/pérdida.

Así como a nivel personal el trauma se asienta en el espacio directo que sería en este caso el cuerpo, el cual se convierte entonces en el espacio marcado y en duelo con puntos de dolor que concentran el daño y la agresión recibida. En el plano social el dolor y el trauma conviven en los espacios de encuentro, las calles que cargan las historias de los asesinados/as, de los que huyeron, de los que se escondieron, las esquinas de refugio, las casas baleadas, los techos semidestruidos, las caras de las personas al recordar y su llanto.

Este trauma colectivo se instala y no desaparece por más que una de las estrategias más usadas ante este sea el OLVIDO. Según la definición encontrada en Internet del verbo: Olvidar es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, o de guardar en la memoria, información adquirida. A menudo el olvido se produce por el "aprendizaje interferente", que es el aprendizaje que sustituye a un recuerdo no consolidado en la memoria, y lo "desaparece" de la conciencia. Debemos recordar que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, por lo tanto los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente.

Por lo tanto podría reflexionarse en que la estrategia de olvido es más una estrategia de calmante psíquico, de revolver la mente y enllavar en puertas bajo 10 llaves verdades, historias, relatos que dañaron, que duelen y que para no sentir ese dolor es mejor ocultarlo, no decírselo a nadie, no evidenciarlo. 

Esta realidad sumada a la creciente condición de impunidad que reciben los agresores, sean estos individuos, familiares, parejas, desconocidos, el Estado mismo, el ejército, la policía, países extranjeros, una trasnacional se convierte entonces en el ambiente idóneo para que la estrategia de olvido sea una de las mas usadas, sostenida por expresiones como: Para que voy a hablar si de nada sirve, No me van a creer, A ellos nunca les hacen nada, El tiene dinero y puede hacer lo que quiera; en fin hay una lista interminable que se podrían construir en base a esas ideas instaladas desde los imaginarios sociales que no son casualidad sino producto de la historia y de las dinámicas socioculturales de un espacio familiar,  local o nacional.


El que hace cada quien con sus heridas y con sus traumas no es una cuestión personal, es una herencia de familia, es un aprendizaje colectivo que se ha inyectado en los imaginarios de las localidades, de un país, de un territorio que asimila las experiencias traumáticas como eventos que deben ser eliminados de la conciencia, de la historia y de la memoria o los asume con todo lo que eso significa. Es entonces algo que está lejos de ser personal, las estrategias que se utilizan ante realidad y situaciones de dolor/pérdida/agresión desde las familias, hacia lo social/global.

El olvidar en nuestra realidad es parte del día a día, se olvidan las noticias, puesto que la información de los diarios, de la televisión no construye ni memoria ni ciudadanía, mucho menos historia sino verdades parciales y hegemónicas que rozan con los discursos llenos de ausencias y de parches de la clase política, de la publicidad y de la religión.

En un documental titulado "Good bye Nicaragua" un periodista de nombre Peter Torbiornsson realiza una reconstrucción de su memoria y de las memorias de otros periodistas implicados en un atentado ocurrido en La Penca cerca de la frontera con Costa Rica, atentado que luego de ir recuperando parte de las pérdidas de una historia, apunta a responsabilizar de este hecho que marcó de manera negativa la vida de periodistas de diversas nacionalidades, al FSLN, específicamente a Tomas Borge y a todos los que sabiendo lo ocurrido callaron y utilizaron de manera brillante y cruel, como una revolución lo amerita (a como se ha aprendido que es una revolución) los mecanismo de defensa, no hicieron nada por hacer justicia a los afectados.


Una de las entrevistas que se encuentran en el documental se le hace a Omar Cabezas quien responde a una de las periodistas sobrevivientes al atentado y colaboradora de Peter T. ante la pregunta de porque no se ha hecho nada para atender a la denuncia que este periodista realizó en contra de Tomas Borge, luego de una risa Omar Cabezas expresa de manera parafraseada: El pasado es mejor dejarlo atrás…A mi me mataron 3 hermanas y yo no voy a estar recordando eso o denunciando, ¿para que? Luego otro va a salir diciendo que yo le 
mate a alguien y así luego salen otros ¿Para que?

El olvido es usado como la mejor respuesta y estrategia, antes que enfrentar los propios dolores y reconocer las propias heridas y las de los otros y otras. Luego de tanto olvidar el territorio se convierte en una fosa común andante, los muertos caminan al lado de todos y todas las que habitan los espacios sociales marcados, el gran cuerpo, lleno de puntos de dolor, que en Nicaragua suele ser el campo, el bosque, la montaña, pero también los cuerpos de sobrevivientes de la guerra con mutilaciones físicas, emocionales y de identidad, la ciudad, Managua con su gran esfera de incertidumbre y  de olvido.

Olvidar no cura, pero resuelve, y como se ha construido en las mentes de hombres y mujeres vinculado con el sistema económico global la idea que rendir es más importante que vivir entonces al parecer vale más el cuerpo para medio existir que el recuerdo y la conciencia de reconocerse en medio de una historia, de una memoria colectiva, familiar y personal, de sanar y de aprender a coexistir con el pasado, con los otros y otras y con uno/a mismo/a.

martes 29 de noviembre de 2011

Los Dobles discursos y su aporte en el encuentro de las diversas identidades




Por Gabriela Montiel

En mi infancia solía sentarme en el porche de mi casa, algunas veces sola, otras veces con mi hermano, y generalmente pasaba por la calle de la casa alguien a quien mi madre calificaba de cochón. Recuerdo que pasaba pidiendo un peso, hacía algún chiste en el que se terminaba burlando de sí mismo/a y continuaba su camino sobre unos tacones de punta color dorado.


Cuando ya se había ido y en diferentes ocasiones mi madre expresó ellos son felices así como son, son alegres. Tiempo después, cuando crecí y me hice de amistades ella gustaba de señalar, ese se ve raro, ese debe tener mañas, o hablaba a mis espaldas de mis amistades, de aquellas que se veían sospechosas desde su óptica.


No tardé mucho tiempo al finalizar mi infancia, para darme cuenta que existen los dobles discursos, un discurso que es aquel que cuida no decir nada incorrecto (que significa lo que realmente la gente piensa); y otro en el que se destapa todo y se conoce realmente la mirada de la persona.


En las familias, y en los diferentes espacios de socialización, existen dobles discursos sobre todo de aquellos temas o situaciones que son vistas y entendidas como tabú, raras, sospechosas, o que afectan al rayado moralismo que aun convive con esos intentos de respetar a los y las demás en la realidad presente.


El tema de la homosexualidad, la realidad, la vida y la experiencia homosexual es desde este doble discurso tratado desde un método que llamaré hipocresía selectiva; la cual en ciertos espacios no se permite hablar mal de los y las que optan y viven estas realidades, pero en otros espacios, sobre todo los más privados, como lo serían la casa. Es así que dentro de la familia se devela todo el racimo de definiciones cargadas de lo que procederé a llamar por asunto de sobriedad, desconocimiento.

Los significados y concepciones asociadas a la homosexualidad son construcciones culturales e históricas que atraviesan procesos dinámicos, pero que residen y se alimentan desde las estructuras de pensamiento, de creencias y de valoraciones, que los grupos y las sociedades humanas configuran y validan a lo largo del tiempo.


Cosas de cosas, argumentos de argumentos expresan las personas en relación a la “supuesta tolerancia” que posee y practican hacia personas de otras opciones sexuales y de vida. En una ocasión durante una clase de inglés en la UCA se estaba discutiendo el tema de la adopción por parejas homosexuales, muchos  y muchas estaban en contra, ya sea que lo manifestaran compartiendo su opinión o por los gestos en sus rostros de desaprobación ante la posibilidad de que ocurriera.


Al mencionar el enfoque de derechos humanos, a establecer una familiar, sin discriminación, sin limitaciones; una de las participantes de la discusión manifestó Yo no estoy en contra de ellos ni nada por el estilo, pero que  pues no se besen en el parque o en lugares públicos porque hay niños pequeños. Opinión fácil de contraargumentar.


¿Pero quién te prohíbe a vos besarte y manosearte con tu novio, con tu pareja? Nadie. Derechos para unos/as y prohibiciones para otros/as. El asunto es este que se percibe al/la homosexual, lo homosexual como lo que está mal, por ser diferente, lo que aunque no se conoce ni se entiende se juzga, porque lo dice la biblia, porque el Dios que ensenan en las familias y en las iglesias dice que ser homosexual es pecado, pero que al mismo tiempo mandata Amar al prójimo como a uno mismo, en fin, es de entender que siguiendo con la lógica de ser hechos a imagen y semejanza de un dios, entonces muchos y muchas hereden ese doble discurso que el padre enseña.


El doble discurso lo que hace desde la familia, desde el sistema educativo formal y muchos otros espacios en los que se presenta; es confundir, perjudica la reflexión positiva sobre la realidad, limita el reconocer a las personas como sujetos/as de derecho, sin distinción, carcome la posibilidad de diálogo, y es una estrategias nociva sobre todo en la cuestión de la construcción de habito y personalidad en las nuevas generaciones.


Llegar a conocer al otro no pasa por el prejuicio, por las concepciones generalizadoras, por el rechazo y el juicio, conocer al otro/la otra que es lo que en parte falta para mejorar como sociedad, como humanidad; es acercarse, dialogar, no creerse superior a, reconocer desde las libertades propias las libertades del otro, desde el ejercicio de derechos propio el derecho a ese ejercicio en el otro/la otra, los otros y otras, no se trata de que unos cuantos y cuantas acaparen los derechos y libertades, se trata de descentralizar y democratizar los derechos y las libertades, la satisfacción de la vida y pues al final de cuentas, la felicidad por más compleja y dinámica que sea.


El reconocimiento del otro es más importante que todo ese discurso de la tolerancia y los elementos hipócritas que contiene y que encierra, desde el significado formal de esta palabra pareciera que lo que más se practica cuando se habla de tolerar es Sufrir o soportar a alguien o algo, lo cual no aporta a este reconocimiento necesario.


Aún cuando otras definiciones del verbo tolerar contienen Admitir y respetar ideas, opiniones, acciones diferentes de las propias, son más las definiciones referidas a aguantar algo, una situación, a una persona, o en el caso analizado; identidades y grupos humanos.


Desde el contenido de tolerar resaltan más elementos referidos a Permitir, consentir como si unos/as superiores cedieran permiso a otros/as inferiores, así como; Resistir favorablemente,  lo cual hace alusión a la hipocresía que ya mencionaba anteriormente.


En el tema del reconocimiento, de las múltiples identidades, de la flexibilidad y elasticidad con que las personalidades y las vidas se construyen y se redefinen constantemente, el tolerar no aporta, el doble discurso confunde y distorsiona, y la hipocresía carcome la posibilidad de un diálogo, un encuentro de miradas y de vivencias y un estar cerca para construir una sociedad más sana, para todos y todas, sin importar como cada uno y una se quiera definir, sin juzgar por la decisión de con quién se va uno/a a la cama y sin construir miradas y concepciones plásticas y huecas de las personas, de sus historias y de sus realidades.




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