domingo, 27 de mayo de 2012

Sobre como reecontrarse




Por Gabriela Montiel

Durante mi infancia el descubrimiento de mi cuerpo, de mis olores, de mis sabores tuvo que ocurrir a escondidas, debajo de las sábanas de mi cama, por la noche y cuando ya se había apagado la luz. Debía de  hacerlo con mucho sigilo en medio de la vigilancia de los padres, los grandes inspectores.

Durante mi adolescencia no quise saber mucho de mi cuerpo más allá de los estúpido que me resultaba la regla, lo confuso que era tener menos permiso para salir solo porque ya reglaba, y el temor eterno a eso que denominaban "en lo que los hombres siempre están pensando" lo cual estaba presente en los discursos de madre y abuela y en la prohibición silenciosa pero presente de la figura paterna. 

Mis primeros encuentros con otros cuerpos fueron no planificados, sin pensar y con la única intención de ver que sentía. Los primeros besos, las manoseadas tanto de mi parte como de las otras manos, la primera vez que agarré un pene entre mis manos. Había mucho por dar y recibir, no importaba nada más, no quería saber nada más.

En medio de toda esa mezcla de eventos el desapego con las figuras de los padres, de los inspectores, fue entrando en conflicto; a tal punto de romper ese hilo que hace que los hijos/as piensen en ellos antes de hacer las cosas. Sentí la libertad, y con  ella el asumirme como persona que se gestiona a sí misma.

Para este punto, aunque vivía desde el cuerpo femenino con el que había nacido, con el que nací, entendido por tener vagina, clítoris, senos, curvas y manejar el pelo largo y usar cierto tipo de vestimenta; me resultaba molesto vivir desde este cuerpo.

Aprendí de otras historias de vida, como el portar este cuerpo trae consigo un sinnúmero de eventualidades molestas y poco placenteras. El miedo a ser violada cada vez que se sale de la casa, el miedo transferido desde los imaginarios de amor por parte de las mujeres de la familia, especialmente madres, abuela y tías. Ese miedo a ser abandonadas apenas te "descueren". El miedo a ser engañadas, pues según estos supuestos los hombres nunca están satisfechos con una mujer, siempre andan buscando. Estas y otras que seguro todas y todos manejamos pues compartimos referentes de crianza en común, forman parte de las maneras de imaginarse y significar el cuerpo en conjunto con el amor y el placer. 

Me di cuenta que las mujeres amaban y sufrían y eso lo veían como normal, como parte de la vida, como parte del ser mujer. Aprendí que las mujeres lloraban mucho, en silencio y a escondidas, porque aunque les dolía hondo lo que vivían no podían mostrar hacia afuera que la pasaban mal, porque hay una imagen que cuidar, sobre todo ante las otras mujeres con las cuales se construyen relaciones de competitividad, de envidia y de comparación. Una de las eternas fuentes de enojo, desconfianza, frustración y amargura de la mayoría de las mujeres. 

Aprendí que más allá de la deformación y distorsión físicamente visible de las mujeres cuando amaban, tanto a las parejas como a los hijos y familiares; la deformación emocional y psíquica de la mujer era brutal. Los cuerpos de las mujeres portaban huellas de las cargas asumidas a partir de la corporalidad con la que habían nacido. Me di cuenta al verme frente al espejo que mi cuerpo femenino resultaba ser en diversas dimensiones base y excusa para una vida de tristeza, de dolor y de desgaste en todos los sentidos.

No me gustó lo que vi, no me interesaba pasar mi vida como mujer al menos a cómo veía que lo hacían la mayoría de las mujeres que fui conociendo a lo largo de mi vida. No me gustó ser mujer. 

Decidí entonces romper con todo eso, o al menos tratar de hacerlo, ir desmontando ese destino poco a poco, viviendo desde la libertad y no desde el temor o la tristeza, no quería convertirme en aquel futuro que había observado y que parecía inminente. Me prometí ir reencontrándome pero desde otros caminos, desde otras ideas y desde otras maneras de verme y de vivir mi cuerpo. 

 http://gabrielakame.blogspot.com/

domingo, 6 de mayo de 2012

Amor Romántico/ Amor de Estado


(Gabriel Pacheco)

Por Gabriela Montiel

Los partidos/el gobierno en el papel de amante bandido a lo Miguel Bose o el Jefe de jefe señores  de los corridos mexicanos. Nicaragua, la “ciudadanía” en el papel de la dulce doncella que tarareaba una plena o usando el vestido de niña  amada mía  que tanto gustan de las canciones de novela.

Ambos patrones conectados desde una lógica de pensamiento y funcionamiento que condiciona las propuestas, las respuestas y las dinámicas, entre el uno y la otra, entre partido/seductores y doncellas/votantes.

Desarmando la estrategia de conquista del amor romántico, quien trata de conquistar busca aquellos puntos débiles de la presa, una debilidad, una inseguridad, un vacio, algo que le falta. Esto puede traducirse a afecto, que es lo más común, compañía, aventura o simple pero no sencillo dinero.

Las necesidades son generalmente las mismas pero las maneras de llegar a esas necesidades a partir de los discursos, las estrategias y la práctica son las que pueden cambiar en dependencia de los estilos de conquista que cada pretendiente asuma.

Así como un hombre catalogado como don Juan o conquistador enamora desde las estrategias más sutiles como decir lo que le gusta de la otra persona, resaltar cualidades ya sean físicas o de personalidad puesto que las intelectuales no son las favoritas a remarcar; hasta las más concretas, los regalos, las salidas, la concesiones de cierto poder hacia la otra persona, un poder ficticio pero que conduce al logro de sus objetivos, enamorar, enganchar, convencer.

En la dimensión política, los postulantes a la presidencia desde los partidos políticos a los cuales pertenecen, se ocupan de una tarea similar: convencer, pero esto lo hacen desde diversas estrategias que comparten con el postulante para Amante/Pareja de la intimidad personal. Estos candidatos a ocupar la silla presidencial/ donde copulan con el poder y la voluntad popular sin necesariamente ser este acto de copulación voluntad de ese colectivo al que se le denomina popular/pueblo, comparten códigos coloniales desde los cuales se configuran los juegos políticos, los juegos sucios, los juegos de caballeros, de machos y de gallos.

Tanto los aspirantes a amantes como los aspirantes a Presidente tienen como objetivo principal convencer, enamorar. Para lograrlo están dispuestos a utilizar todos los mecanismos y estrategias disponibles que van desde las que demandan menos esfuerzo hasta aquellas que apuntan a invertir mucho con tal de asegurar obtener lo que se quiere.

En ambos casos la condicionante de la competitividad está presente. Los deseosos de competir saben que no son los únicos que quieren hacerlo, debido a que hay otros con la misma intención que tienen la mirada puesta en la misma fuente de deseo, sea esta mujer o la población de un país/los votantes.

Al ser conscientes de esta realidad las estrategias van siendo progresivamente apremiantes, más concretas, más directas. Todo para alcanzar el deseo, que inicia con el convencimiento pero apunta a hacerse dueño de ese objeto de deseo y de disputa.

¿Qué pasa entonces cuando hay un ganador? Así como en el enamoramiento, al obtener el premio (la mujer) el mismo es asumido como parte de las pertenencias personas, defendido a capa y espada y las estrategias de relación ya no son de seducción sino de control y dominio.

Este cambio está presente tanto en las relaciones de pareja como en la relación gobierno (quien sea que haya ganado) y ciudadanía. Los regalos pueden continuar pero se genera un ambiente de constante prueba en cuanto al amor que la mujer/votantes manifiesta hacia su amante/ partido de gobierno.

Estas pruebas de amor pueden ir desde cuestiones placenteras hasta aquellas que ponen bajo presión los valores personales y colectivos, las voluntades propias y las autonomías, que aunque muy mentadas poco hacen en la práctica y poco las dejan decidir en la realidad.
Esta relación incluye altibajos, momentos de conflicto en los cuales la violencia puede presentarse como una estrategia/ un arma de imposición muy presente en la práctica tanto de la pareja como del gobierno.

Cuando se desarrollan conflictos en una relación desigual, de distribución desigual de poder, de autonomía y de libertad como es el caso de una relación de pareja basada en la estructura patriarcal/colonia/machista/romántica y en la relación ciudadanía/Estado en la cual las posibilidades reales de diálogo y de libertad de demanda y de protesta sin respuestas intimidatorias o agresivas son mínimas o nulas; la violencia siempre es una posibilidad y generalmente la parte que sale perdiendo es la que en principio fue convencida/enamorada.

El enamoramiento ocurre desde la base de la idealización, el ensueño, se acepta sin reservas aquellos que se ha engrandecido a tal dimensión que cualquier crítica o defecto no es observable porque el velo del convencimiento romántico tanto en la relación de pareja como en la relación con el Estado inhabilita la autonomía de pensamiento que desde los procesos previos a este encuentro han configurado a la persona que acepta esta seducción como alguien de poco criterio, alguien que se deja llevar, alguien que no pone peros porque quiere satisfacer necesidades especificas en esa relación.

El amor romántico y el amor al Estado utilizan las mismas estrategias de enamoramiento y seducción y al llegar al poder ubican a la pareja, a la contraparte como posesión que debe ser controlada. Es en este punto donde la violencia que se ejerza desde ambos pretendientes anula la voz del otro/de la otra y ubica en primer plano su deseo y su plan sin más consulta, sin más dialogo.


domingo, 29 de abril de 2012

Diversidad sexual, Teatro RD y Código de la Familia, lo que se acepta y lo que se discrimina



Por Gabriela Montiel

Foucault planteaba una categoría denominada lugares de tolerancia, en la cual hace referencia a aquellos espacios heredados de la costumbre y códigos victorianos en los que se permitía prácticas que en lo público/reconocido no eran aceptadas. Estos lugares eran desde burdeles, bares o casa de citas.

Si pasamos a Monsiváis, desde su trabajo sobre las identidades sexuales, las vivencias de la sexualidad sobre todo desde lo ilícito, se puede retomar el hecho de que la homosexualidad y todas las prácticas que salgan de la línea de lo heteronormativo, ocurren debido al juicio social y al miedo de ser señalados/as desde la oscuridad, lo alejado, lo anónimo, lo escondido.

Esta vivencia de lo escondido marca e impacta de manera significativa las vidas, la muerte, la sexualidad, la lógica del placer y del deseo de los cuerpos y las identidades que conviven y sobreviven al dedo moralista, fanático e inhumano de la discriminación hacia la diversidad de la experiencia sexual.

Hace unos días en la UCA se discutía lo problemático que vienen a ser una serie de consideraciones claves del código de la familia, en términos de que se entiende por familia, quienes están legitimados  para construir familia; que tipo de familias entonces este código está dispuesto a proteger y a acompañar y cuales familias no reconoce y no determina.

Durante el foro, madres trans y madres lesbianas mostraron una evidente preocupación; no saben cómo a partir de la aprobación de este código serán protegidas por el Estado, si es el mismo Estado, entiéndase a través de sus aparatos estatales y de legislación, de los magistrados y jueces que elaboraron dicho código; que está dejando fuera de beneficios a aquellas familias que no cumplan con los requisitos de estar integradas por hombre y mujer.

A este requisito de heterosexualidad se le suma el deber tener hijos, los cuales confirmen esa unión de matrimonio o de hecho como válida. Deben ser heterosexuales, y existe una obligatoriedad de fidelidad que fue discutido en el panel de dicho foro desarrollado en la UCA.

Desde hace algunos años, paralelo a que las organizaciones de la diversidad se han ido fortaleciendo  y definiendo sus agenda/estrategias de incidencia política y de cambio cultural en torno al discurso heterocentrista, se ha ido gestando una especie de variedad de espacios que apelan a la diversidad sexual pero desde una mirada superficial, instrumentalista y controlada.

Superficial porque diversidad sexual se resume a etiquetar las identidades y a pregonar que todas las formas de vivir la sexualidad son válidas, pero luego el doble discurso aparece y en discusiones como adopción o matrimonio, legisladores de bancadas que en lo público apoyan a la Diversidad sexual, desde sus moralismos se excusan diciendo que la sociedad nicaragüense no está preparada para esas cosas, excusa similar a la que se ha expresado en alguna ocasión en relación al tema de la legalización del aborto terapéutico. 

Luego el tema de la instrumentalización radica en que la diversidad sexual es aplaudida o aceptada mientras no trascienda de la tarima de Metrocentro o de las marchas; que no se metan con el código de la familia o con temas como adopción, aborto o matrimonio gay, eso  es área restringida. Podemos ver en los diarios fotos de Omar Cabezas con mujeres trans, podemos ver que hay una procuraduría de la Diversidad sexual que en general se ha visto como un favor del partido de gobierno y no necesariamente como un logro de luchas de las organizaciones trans y de la diversidad sexual, pero eso no se concreta en temas políticos de fondo, de peso.

La diversidad sexual es celebrada si está en el carnaval por la Vida (Espacio representativo de exclusiones sociales), en el teatro eligiendo a Miss Gay, nombre que suena desde el pensamiento social más aceptable que Chica Trans, sobre lo que en realidad trata el evento realizado en el teatro Rubén Darío. Luis Morales expresa "El teatro nacional abre sus puertas a la diversidad sexual que ha conquistado nuevos espacios", lo que no dice es que no son todos los espacios, no son escaños en la asamblea, o candidaturas presidenciales sino que es el “derecho” a realizar un certamen, lo cual sabemos no es un espacio de construcción de ciudadanía plena.

La ganadora del concurso Laveleska Dredrish planteó en una entrevista "Vamos a seguir adelante luchando por los derechos de nuestra comunidad (..) con la ayuda del gobierno que nos está apoyando mucho", una cosa es reconocer el apoyo de las instancias, otra es olvidar que luchas son las que se representan. Teniendo en caliente la discusión y pronta aprobación de un código de la familia, que se ha formulado en un ambiente de hermetismo, que ni para la Procuraduría de la Diversidad sexual fue fácil obtener y conocer.

El apoyo para un certamen no debería pesar más que la posibilidad de expresar en un espacio televisado y luego de ganar un concurso el descontento por un código que excluye a las personas de la diversidad sexual, que discrimina y que violenta derechos de familias presentes en la realidad nicaragüense; Familias integradas por mujeres lesbianas, proyectos de familia entre dos hombres, las familias de las mujeres trans, y como expresaba una participante del foro de la UCA, no solo los de la diversidad sexual están siendo discriminados con ese código, ahí no se visualizan las madres solteras, los niños criados por  tías, abuelas u otra familiar. 

miércoles, 25 de abril de 2012

Significantes y significados, cuerpos configurados desde la producción de sentidos



Por Gabriela Montiel

Un significante es un signo que contiene significados, puede ser diversos significados, pueden depender del contexto; se configuran a partir de la dinámica de crear y gestionar significados que es propia de los grupos humanos.

Un significante no solo asume o porta significados verbalizados, sino corporalizados, de esencia, de forma y contenido que permean en la propia condición del significante y que interactúan en las relaciones con otros significantes que a su vez son configurados por procesos similares y diversos de producción/reproducción de lenguaje, de sentidos y de comunicación.

Lo que se construye desde los significantes y hacia los mismos pasa por campos de configuración simbólica como lo son lo imaginario, lo concreto/real y las relaciones de los signos en el espacio de lo social/cultural.

Los cuerpos son en sí uno de los significantes más influyentes en las relaciones entre las personas, ya sea desde lo que se percibe, lo que se teoriza, lo que se conceptualiza y lo que se vive.

El cuerpo como espacio de construcción de significados ha pasado por diversos procesos de configuración, a tal punto que el estado y la condición de los cuerpos es entendida como algo natural, algo que está dicho, normado, codificado y que se ajusta de acuerdo a cada momento que el cuerpo, los cuerpos van experimentando.

Con el cuerpo se nace, y con ese cuerpo se vive y con ese cuerpo se muere. Con ese cuerpo se viven las relaciones sexuales, se camina por la calle, se come, se experimenta temor o placer. El cuerpo es el punto de partida de las identidades no necesariamente de forma determinante pero si marca pautas para los caminos que cada persona seguirá.

Los cuerpos que se portan se relacionan con las otras corporalidades, algunas mas estáticas que otras, unas experimentan mas con los colores, las formas, los sabores, las experiencias, los sentidos; otras asumen las codificaciones hacia los cuerpos como verdades y como necesidades, las codificaciones definen, y por el hecho de definir también generan una sed de consumir esa definición, para poder ser, sentirse y presentar-se como un conjunto armónico ante la sociedad, un conjunto que hace cuadrar el significante, el significado y su función en el espacio humano.

No se trata de solamente seguir programaciones o mandatos que delimitan las vivencias de los cuerpos/significantes sino de restringir el propio proceso de configuración y de producción de significados que en muchos aspectos y sentidos propone no quedarse con significados únicos sino que propone los significados diversos, dinámicos y libres de la petrificación.

Los cuerpos a su vez, para extender sus significados atribuidos, extienden su campo de performance auxiliándose de la estética, de la palabra y del intercambio con otros cuerpos.

La estética confirma y apoya la asignación codificada de significados, aporta a exteriorizar la imagen mental que desde los espacios imaginarios y simbólicos se posee sobre los cuerpos. Al escuchar la palabra mujer, quien porta el cuerpo catalogado femenino piensa en formas, figuras y diseños específicos muy amarrados con los imaginarios de belleza y de feminidad y gestionados desde los colores, los trazos y las extensiones.

Que colores se usan en la vestimenta, el maquillaje, las medias, los zapatos. Qué tipo de corte conviene más a qué tipo de cuerpo son obsesiones vinculadas con la necesidad de recurrir a la estética para reafirmar aquellos significados y funciones que se esperan y se asumen como vitales cumplir para los cuerpos desde lo que se maneja como idea central que debe ser la vida de los mismos.

Las maneras de trazar los movimientos de los cuerpos, sus maneras de representarse, de performance desde sus significados asumidos y desde aquellos sobre los cuales los cuerpos no ejercen mayor conciencia o control, como el caso de las condiciones denominadas naturales que se asumen como tales de la corporalidad: manejo del pene en la ropa interior, manejo de los bustos desde el uso del sostén como instrumento de identidad y de configuración, menstruación, dimensiones corporales; son algunos de los elementos que se trazan de acuerdo a la naturalidad que en realidad en fabricada de lo que se vivencia en los cuerpos, como espacios de aceptación y no como espacio de resignificación.

Hasta donde llegan los cuerpos, como se extienden en el espacio social/simbólico, parte de la asignación/cuota de poder, de libertad y de autonomía que desde los significantes se configuren. Esta extensión puede darse en dos vías: como extensión de los mismos significados ya asumidos como verdaderos, o una extensión a otros campos que son negados al significante pero que desde la deconstrucción cotidiana y dinámica puede ser parte de los procesos que los cuerpos decidan y deseen experimentar. Ir mas allá de los significados asignados, ir mas allá de las codificaciones impuestas, ser los cuerpos que voluntariamente quieran ser, vivir y sentir.







sábado, 14 de abril de 2012

Hilos que amarran, relaciones que condenan



Por Gabriela Montiel

Una buena parte de la personalidad que se porta en la juventud y la adultez proviene de los círculos de socialización primarios en los cuales la/s identidad/es se configuran desde diversos estímulos, y desde las variadas referencias con las que se va contando.

En estos espacios/círculos de socialización, y de transmisión de imaginarios, existen relaciones claves que moldean de manera significativa los proyectos de vida, las expectativas hacia los otros/as, los principios que guían las decisiones e ideales que se van dibujando en la conciencia de cada persona.

Una relación que resalta por su condición original de vinculación afectiva y de dependencia es la relación madre/hijo/a. cuando se hace referencia a esta relación se está volviendo la mirada al hecho biológico de la reproducción y a todo el entramado de significados/ rituales/consumo y posesión que desde este hecho/proceso se construyen y se legitiman.

Ser madre de alguien, ser hijo/a de alguien es un vínculo, una relación; que no solo es uno de los referentes de más peso, sino que es uno de esos hilos sociales/afectivos que pueden ser liberadores en la vida de una persona, a como pueden ser gestores de dependencia, manipulación, posesión y chantaje. Un tipo de chantaje, que es uno de los que más impacto tienen en la sensibilidad de la persona, es el emocional.

Social y culturalmente ser madre, al menos desde el imaginario creado y legitimado hacia esta práctica, es darlo todo por los hijos, por su vida, por su futuro. Este darlo todo marca un quiebre en la vida de la mujer que, por voluntad propia, por limitantes jurídicas o por modelaje social, ha decidido gestar y posteriormente criar a un ser  humano.

La mujer dentro del ejercicio de la maternidad fuertemente marcado en la idea del sacrificio y sobre todo enmarcado en el modelaje mariano, de entrega y de servicio; al darlo todo hacia los hijo/as se queda sin nada para ella, o con muy poco.  Refiriéndose a muy poco tiempo, espacio, afecto, atención, cuidado, amor, aprecio; y así podría seguir la lista de lo que la mujer se niega a sí misma para hacer feliz y para amar a los otros/as, que en este caso de la maternidad, asumen el cuerpo y el rostro de los que el cuerpo de la mujer gesta en su interior y también aquellos que son transferidos de una mujer a otra.

El sacrificio va amarrado con otra idea clave en el ejercicio de la maternidad: la idea del dolor. Si focalizamos estos dos principios y valores de este ejercicio materno encontraremos similitudes entre lo que se le pide a la madre y lo que se espera de la mujer en la vivencia del amor, lo que se ha validado, lo que se ha vuelto normal. La mujer en la relación amorosa, en el amor romántico sufre y entrega. El amor le duele y le pesa, pero al final es el amor el que la define y el que le da sentido a su vida entendida como una vida de mujer.

En la maternidad la mujer se ha configurado como el sujeto que carga, que cuida, que alimenta, que protege; toda esta responsabilidad es asumida de manera casi exclusiva por mujeres. Entiéndase que en este colectivo están las empleadas, las niñeras, las del CDI, las maestras, las tías, las abuelas y cualquier otra mujer que está integrada en el proceso de cuidar a otros, ya sea a los más pequeños, a los enfermos  y a los hombres de la familia.

Esta ocupación “full time”, que también incluye el espacio del hogar y toda su estética exigidamente femenina; es la base de la autoridad construida alrededor de la madre. Autoridad que difiere de la del padre en peso, significado, simbolismo y estrategias de control. Al padre usualmente se le asigna el dispositivo de la violencia física, la última palabra, pero este asunto tiende a ser compartido. La madre castiga muchas veces en silencio, con un pellizco al niño que aprende a caminar, con una amenaza de quitar afecto, de dejar de amar, de abandonar.

La madre presiona a la hija a ser mujer, marca su camino de lealtad ante la familia y ante lo socialmente aprobado como identidad femenina. La madre elige la ropa para el hijo y la hija, viste al hijo como el padre, o como ella quisiera vestir al esposo o pareja. La madre al mismo tiempo pinta las uñas de la hija, le compra tacones, le arregla el cabello, la viste de falda corta y de blusas que portan mensajes como “Soy la niña de papa” o “Soy sexy”.  La madre viste, y al vestir marca identidades, al hablar transmite mandatos, al castigar delimita el comportamiento, el afecto y la libertad. La madre alimenta y la madre ata, de ahí que la relación con la madre esté marcada por la ambigüedad entre amor/odio, aceptación/rechazo, armonía/conflicto/guerra.

La madre, en su ejercicio de amar y de cuidar, no solo asume el papel aprendido de la madre que la crió, sino que reconfigura su propio performance de madre desde el poder, la autoridad y la posibilidad de poseer los cuerpos de los hijos que esta acción le genera o le puede generar.

La madre intrínsecamente visualiza a los hijos como fuentes de intercambio, de afecto de la pareja a través de ellos/as, de retribución económica de la pareja y de los familiares a través de los hijos/as, de reconocimiento social en la familia, de la pareja, en la escuela, en lo laboral. Los hijos entonces, son las vías para alcanzar muchas cosas y en ese proceso la identidad y la autonomía de estos/as se desdibuja a través del conflicto entre amar y negar a la madre como figura clave en la vida de cada persona. 


domingo, 8 de abril de 2012

Lo que se piensa, se dice y se siente desde y sobre el cuerpo



Por Gabriela Montiel

El cuerpo es uno de los espacios a los cuales se puede intervenir en cualquier momento, lugar, espacio, condición, para ello se cuenta desde la propia persona con diversos recursos, sean estos entendidos como propios (en este caso la mano, puño, dedo) o sean externos y adheridos (dildos). La mano, en palabras de Beatriz Preciado una de las múltiples manifestaciones del dildo como prótesis de producción de placer, concentra grandes potencialidades para la búsqueda de respuestas y la consecución de deseos.

Este camino de satisfacción podría resultar sencillo si no fuera por  el hecho y discurso construidos alrededor del cuerpo desde los imaginarios, pasando por la conciencia y volviendo a ese entramado intimidad/exposición que transversaliza las corporalidades de cada persona.

Cuando en la intimidad la posibilidad de transmitir deseo y de asumirlo como propio a través de la mano u otro objeto (dildos diversos) se ve interrumpida, no ocurre necesariamente por una cuestión de carácter enteramente personal, sino por una configuración simbólica que delimita, esencializa y estabiliza las maneras y los rituales sobre como acercarse y dialogar con el propio cuerpo, como asumirlo, como reconocerlo.

El placer  es algo que se ha ubicado afuera de los cuerpos, y es por esto que  se teoriza y se focaliza desde los estímulos y desde los procesos direccionados que parten de un objeto de placer y un efecto corporal/psíquico. Desde los cuerpos en general y en particular desde el cuerpo catalogado como femenino por las condiciones estéticas, físicamente visibles  y reproductivas; el placer no solo es algo que necesita una coparte sino que es algo que se consigue única y exclusivamente a través del pene, mediante el tacto y contacto de/con un cuerpo catalogado y escrito como masculino que asuma una posición y postura masculina ante un cuerpo con posición y postura femenina.

Ante este mandamiento heteronormativo las posibilidades de asumir y de reconocer el propio cuerpo de cualquiera como algo propio, algo autónomo, algo libre, como un espacio de diversidades y no de verdades únicas; es un asunto complejo en el mejor de los casos e impensable para la mayoría de cuerpos/identidades/realidades.  

El cuerpo, los cuerpos han sido normados, y esto es parte de la historia de las sociedades desde que los grupos humanos existen como unidades de organización y funcionamiento social para fines como la sobrevivencia, la división del trabajo, el comercio, la lógica de imperios, las colonias y el consumo masivo de todo.

Los cuerpos y las identidades de quienes portan estas corporalidades se configuran inmersos en una red de significados pre establecidos, pre configurados y movilizados para la permanencia de un orden o varios órdenes sociales, políticos, culturales.

Estos ordenes permean las subjetividades, los imaginarios, los deseos, la excitación sexual, las fantasías, las maneras de llevar a cabo el acto sexual, las formas de mover el cuerpo, las posiciones permitidas o no, las lógicas del sexo, las reglas, las normas y las distintas maneras de convivir que se construyen entre los cuerpos, entre los deseos, entre las identidades mismas de quienes corporalizados se asumen desde guiones escritos y ensayados, no por ellos/as sino por sistemas hegemónicos de dominación y control, de diferenciación/desigualdad, de posesión/esclavitud.

Las formas, los significados y las representaciones que se asumen como verdades únicas y que se practican cotidianamente bajo la lógica de la normalidad del funcionamiento sexual y de la sexualidad humana, son cualquier cosa menos natural.

Desde los años 80, varios autores visualizan la sexualidad más bien como procesos culturales. Preciado realiza un viraje y propone configuraciones y procesos tecnológicos hegemónicamente predeterminados y normados desde la lógica y discurso de la heterosexualidad, productora y reproductora de un orden social.

Sería entonces interesante, útil en el nivel de más compromiso revolucionario, preguntarse de donde viene el deseo que se considera propio, natural, normal. Cuando hablamos de sexo, sexualidad, cuerpos ¿Qué es lo normal y de donde surge? ¿Quién lo creo? Si es que alguien lo creo. Empezar por cuestionar el cuerpo, las funciones aparentemente naturales, los orificios permitidos de penetrar o aquellos que son estigmatizados, los roles que cada persona, cada cuerpo, cada órgano juega en el espacio/momento de la relación sexual. ¿Quiénes somos en ese espacio? ¿En que nos convertimos? Y lo más importante ¿Por qué? A buscar las respuestas entonces.


Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/247545-que-se-piensa-se-dice-se-siente-cuerpo#commentform_bmk

http://gabrielakame.blogspot.com

viernes, 23 de marzo de 2012

Reflexiones desde la silla de un aula de clases



Por Gabriela Montiel

Leyendo un libro me detuve en una cita que planteaba que el acceso a información, ubicado en un ámbito de formación (educación) permite a mediano plazo una construcción de autonomía en quienes acceden esos procesos in-formativos.

Me detuve y armé una pregunta tramposa que permití expresar: ¿Qué pasa entonces con el espacio de la universidad? construye autonomía? Y si no la construye ¿Dónde radica el punto de estancamiento? En mi cabeza divagaban las situaciones que daban forma a las respuestas, situaciones que ocurren en este espacio que denomino de desin-formación.

Las respuestas a estas interrogantes se concretizan en los discursos y prácticas, es decir, en las matrices que dirigen el quehacer de los/as docentes de las universidades, y aquí me remito a  la UNAN Managua.

Ubico en el centro de este texto de reflexión a aquellos/as docentes que conscientemente se posicionan en un discurso, una mirada y una práctica  que alimenta el pensamiento único en el espacio educativo. Pensamiento y discurso que aprueba ciertas formas de pensar, sentir y  hacer y  rechaza de manera tajante  otras.   Este sistema de pensamiento único  se compone por  tres ejes de patrones de funcionamiento que para este análisis son útiles: aquello que se calla, lo que se celebra y  lo que se castiga.

Se puede deducir que las categorías de Silencio, Exaltación y Castigo existen de manera concreta en la docencia de la Universidad en cuestión y se han visto reforzadas en los últimos años. Esta necesidad de trabajar en base de la defensa de un pensamiento único, fragmentado y acrítico carcome la posibilidad de una educación de calidad, de espacios de discusión integral y de construcción de conocimiento que permite generar nuevas formas de analizar la realidad. Lo que se tiene actualmente es refritos, reciclaje, re-petición de errores, de trampas y de patrones. 

El espacio del aula de clases en muchos casos es un campo minado, por ende hay mucha cautela en que se va a decir, que se piensa y que se hace. Muchos/as optan por no decir nada y así pasar tranquilos/as sus cinco  años en la universidad, otros se conflictúan con las incoherencias y cuestiones que no están bien en este espacio de formación.

Cualquier cuestionamiento a la universidad, a UNEN o al sandinismo actual es evidencia de ser un/a oligarca, imperialista y derechista. El problema es que esta estrategia aparte de no promover reflexión, la limitar, coarta cualquier posibilidad de construcción de conocimiento; si existen temas vedados la educación está fragmentada.

En una banca de la universidad, dos docentes dialogaban y sin darse cuenta que un estudiante los escuchaba uno de ellos dijo: A estos chavalos (los que critican) lo que hay que hacer es buscar como se vayan rápido de la universidad,  pasarlos en las clases para que no sigan jodiendo. En otra ocasión luego de haber hecho un FODA con los estudiantes de una carrera, uno de los docentes al tener en sus manos las opiniones de los estudiantes dijo: Ay, estos son los oligarcas de tercer año, (luego botó a la basura las tarjetas y la reunión continuó). No ubico nombres porque el asunto no se trata de personas, se trata de patrones y de matrices de funcionamiento que marcan las pautas sobre qué es lo que se calla, que se celebra y que se castiga.

La crítica se calla por cansancio, temor o necesidad (en el caso de los becados internos) producto del abuso de poder que se puede ejercer. El cómo perjudica esta matriz de pensamiento único el proceso de construcción de conocimiento, radica en no estudiar  autores que sean críticos, tampoco invitar a investigadores/as que sean críticos y no poner en primer lugar la calidad de la educación sino el reforzar el pensamiento único y el discurso oficial. Hay sesgo en lo que se transmite como conocimiento.

No se celebra la creatividad, ni la crítica y mucho menos la reflexión. Se celebra en principio a los gestores del pensamiento único y todo lo que estos/as hagan, desde pasar 10 años en la universidad sin un título en mano hasta la corrupción de UNEN y de los funcionarios de la misma universidad. Se castiga a aquellos/as que critiquen esta matriz, que se atrevan a criticar aquello que lamentablemente ha dejado de ser un espacio de autonomía para convertirse en un espacio de subordinación estratégica. Calla y sobrevivirás, no critiques y no tendrás problemas.


Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/246397


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