
¿Qué pienso? ¿Qué quiero? ¿Qué decido?, son preguntas para muchos difíciles de responder. La juventud en particular, se encuentra en una desventaja social al momento de intentar responderlas.
La juventud es, desde la percepción social, adulta e institucional, un grupo desprovisto de experiencia de vida y de poca visión de futuro, se desconfía sobre su capacidad de tomar decisiones. Aparte de esta desconfianza existe un factor determinante que condiciona y define el tipo de relaciones entre adulto y joven: el factor económico.
Culturalmente hablando el elemento económico configura las relaciones sociales, construye dinámicas sociales de equilibrio o de desequilibrio y condiciona el pensamiento que se construye el humano sobre la realidad.
El elemento económico llevado a las instituciones sociales (familia, iglesia, estado) condiciona igualmente las relaciones entre las personas e inyecta la dinámica del poder. El poder está presente en todas las relaciones que el ser humano establece, pero el poder económico en particular construye relaciones desiguales en las que asuntos como la toma de decisiones, el control y la libertad están determinadas de acuerdo a la voluntad de quien ostenta ese poder económico.
Partamos del ejemplo familia: es una institución social que se fue reduciendo a través de la evolución socioeconómica hasta llegar a ser del tipo nuclear y está condicionada por el elemento económico. En la familia nuclear generalmente, el hombre (padre) es quien cumple la función de generador de ingresos económicos, la mujer (la madre) opta, ya sea por decisión personal o por condicionamiento social, a dedicarse al cuidado de los hijos, y en muchos casos eso implica abandonar las aspiraciones o caminos profesionales que antes de ser madres habían construido en sus vidas.
Esta diferenciación de roles en la familia, genera diferenciación de cuotas de poder, poder que se manifiesta en la relación entre estos dos actores, y que cuando ya son padres se manifestara hacia estos nuevos actores sociales. Ya Engels menciona en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” como el traspaso del tipo de familia comunal a una familia nuclear genera cambios en la percepción de la propiedad, es entonces cuando el hombre y la mujer se aíslan de sus familias de origen y construyen los inicios de lo que sería la familia nuclear (padre, madre, hijos). El hombre asume el papel principal de proveedor económico, y la mujer que antes lo hacía también al no contar con otras mujeres que la apoyen en el cuidado de sus hijos se ve en la necesidad de asumir por entero esta función.
¿Qué cambios se dan en la percepción de la familia como estructura? El hombre por su lado que históricamente se ha inclinado por un papel dominante, empieza a percibir a la mujer que le acompaña y a su descendencia como parte de su propiedad privada; es decir los ubica a la par de sus tierras de cultivo, los animales que posee, viviendas y otros elementos materiales. Esto le permite tener absoluto poder de decisión sobre asuntos como la herencia, con quienes se casan sus hijos o hijas, inclusive decidir sobre las pertenencias que pueda tener la mujer que lo acompaña. A este tipo de estructura de funcionamiento familiar se le denomina patriarcado, el poder absoluto en la figura masculina, que podía ser el padre biológico (que si moría era sustituido por un hermano), el anciano de la comunidad o hermanos de las mujeres.
En una estructura familiar en la que quien posee el poder económico lo utiliza para controlar, reprimir e implantar, cualquier conducta o actitud que contradiga “su voluntad” es vista como inaceptable, reprimible y lógicamente castigable, utilizando el castigo público (ya sea ante otros miembros de la familia, u otros miembros de una sociedad) como escarmiento, es decir, de advertencia social para que los demás ni piensen en seguir los pasos del denominado rebelde, infractor o en el peor de los casos, traidor.
¿Por qué traidor? Porque la lealtad en un sistema de control económico y al final de control ideológico y social; se mide por la capacidad de los miembros de una estructura social, en este caso familiar, de obedecer sin chistar, de seguir órdenes, de aceptar sin ninguna crítica las normas sociales como normas naturales, como normas con validez incuestionable.
¿Qué pasa entonces en la estructura familiar? Podemos encontrar casos en los que se da lo contrario y esto amerita un estudio sobre ellos, pero en la realidad general estos patrones de funcionamiento patriarcales se mantienen y se manifiestan en la vida cotidiana de las familias. No solamente definidas por el factor económico (revisemos los casos en los que las mujeres trabajan, o en los que solo las mujeres trabajan e igual el hombre es el que al final decide sobre todo, inclusive sobre el dinero de la mujer), sino que aquí se agrega el elemento cultural.
Antes se mencionó que el elemento económico configura las relaciones sociales, estas relaciones ya convertidas en relaciones socio-económicas luego de que se establecen en la cultura, se implantan como patrones culturales aceptados y asimilados en la vida cotidiana de los grupos humanos, es decir, que se vuelven tan parte del “todo social” que ya no se ven, simplemente se transmiten sin cuestionamiento, porque se convirtieron en la norma social, en una tradición.
Por lo tanto en la familia nuclear existen patrones de funcionamiento normados, ya los roles están definidos, pero esa configuración no funciona para ayudar a que la juventud construya criterio propio. Si el joven, la joven, construye su identidad social en esta estructura; como esperar que construya criterio propio si eso implicaría un rompimiento de filiación con esta estructura, puesto que la obediencia como ya se mencionaba antes es la que determina el nivel de “lealtad”.
¿Será necesario entonces que la construcción de criterio propio deba exigidamente partir de ese rompimiento de filiación con la familia como estructura social?
Gabriela Montiel (Antropóloga social)
gabrielamontiel13gmail.com, http://gabrielakame.blogspot.com/
Articulo publicado en La Brujula: http://www.labrujula.com.ni/files/edicion/1271346628_Edici%C3%B3n%2074.pdf
1 comentarios:
Creo que uno de los puntos importantes a señalar es que muchas veces, estos suenos que tienen las mujeres antes de casarse y que desaparecen, en muchas ocasiones, cuando se efectúa el acto, es gracias a que las personas ven el matrimonio como una estabilidad personal, cuando debería de ser lo contrario, buscar el matrimonio, si tanto lo desean, cuando se tiene una estabilidad personal.
Y esto se ve antes incluso de los matrimonios, en los noviazgos donde ya el esquema patriarcal se va desarrollando fuertemente hasta terminar en un matrimonio donde el hombre manda. Muchas veces, incluso, no solo sucede en las relaciones heterosexuales, si no en todo tipo de relaciones. Es sorprendente ver como se demuestra en distintas esferas sociales el machismo, sea o no sea dirigido unicamente de hombres hacia mujeres, sino de mujeres que están marcadas con los roles asignados por la cultura machista.
Muy buen articulo
Publicar un comentario en la entrada