miércoles, 5 de mayo de 2010

El efecto reflexivo de la lluvia


El efecto reflexivo de la lluvia

Cuando llueve algo ocurre energéticamente, dentro de la dimensión que es posible para los humanos percibir. La vida no puede obviar el fenómeno de las gotas cayendo sobre ella, deslizando su materia sobre la piel de la tierra, de las plantas, de los animales, de los humanos, de las casas, de la ropa tendida que a punta de corre y corre es salvada de una lluvia que no avisa, y que incluso cuando lo hace es más espontanea e imprevista que nuestra conducta humana.
La lluvia sorprende, corta los planes, te hace detenerte, descansar si no te tomabas el tiempo para hacerlo, te incomoda en algunos casos cuando tus planes personales lo menos que esperaban era a la lluvia como factor de cambio, de intromisión, de asomo.
El día en el que estas puede ser el mas simple de la semana, pero al llover si andabas triste te tornas nostálgico, si andabas activo reflexionas sobre la vida, te tornas existencial, si estas enamorado pues mejor ni hablar, si andas con ganas de tener sexo deseas estar empiernado/a con ya sabrás quien, si tenés hambre querrás estar en tu casa acostadito o acostadita, en piyamas y comiendo una rica y caliente comidita casera, o si sos mas globalizado/a una pizza, una hamburguesa o un pollo rostizado, va en dependencia de los gustos las fantasías que se construyen con la lluvia.
Hay veces en que te podes estar sintiendo tan bien, tan realizada/o que podes optar por dejarte mojar, sin que te importe nada mas, por las gotas de lluvia, sintiéndolas caer en tu cara, mojando tu pelo, tu ropa, tus zapatos, sintiendo que ese momento es el momento y no hay nada mas en que pensar, aun sabiendo que cuando deje de llover o cuando ya se rompa la concentración y conexión con la lluvia notaras que todo sigue moviéndose, circulando, funcionando como si nada, pero no vos, al menos no en esta ocasión.
Si te sentís solo o sola la lluvia puede disparar aun mas la sensación y el estado de soledad, podes llegarte a sentir muy cerote si la lluvia es muy fuerte o si esta baja pero constante, talves de inyecte un poco de melancolía, depende del momento en el que se este, de las ideas que andes y de tu vida, pues al final la lluvia es un estimulo dentro de tu realidad y la persona, en este caso, vos, la interpretas según te sintas.
Al final, la lluvia por si sola es un fenómeno natural, parte del sistema de vida en el que nos movemos y del que formamos parte y aunque no debemos obviarla, y tampoco podemos si andamos en la calle sin paraguas y sin intenciones de mojarnos tipo película, la lluvia es eso, lluvia, lo que nos produce nosotros lo decidimos, lo creamos, lo recreamos, lo amoldamos, partiendo de las emociones, los estados, las ideas, los pensamientos y las esencias de lo que somos y de lo que andamos en ese momento especifico cuando esas gotas empiezan a sonar, cuando esa lluvia empieza a caer.

Gabriela Montiel (gabrielamontiel13@gmail.com)

3 comentarios:

Alberto Sanchez Arguello dijo...

La lluvia nos recuerda de manera gentil y a veces de manera mas intensa que nuestras ciudades son muros que nos impiden ver los ciclos naturales, pero que estos se presentan igual en nuestras vidas y por un momento la ciudad tiene rios y lagos y nuestra urbanidad se va al carajo con algo tan sencillo como agua que cae del cielo... es el caos callendo en orden, es la vida cayendo sobre nosotros

Gabriela Montiel dijo...

la lluvia es lo que es segun cada mirada personal, y las estrcuturas y el medio donde se habita influye en la percepcion que tengamos de ella.

Gabriela Montiel dijo...

comentario de Manuel Vilches:

Querida Gabriela, me ha gustado mucho tu prosa-poema de la lluvia, comunica una emoción poética, y sé que la lluvia se vive de esta manera. Me encanta la lluvia, especialmente el aguacero del Monzón de estos días en el Pacífico, que se produce en un cambio atmosférico brusco. No es como la brisa constante del Río San Juan o de la Costa, que es como vivir sumergidos en una piscina, en 5 metros de precipitaciones anuales, si no ha cambiado, y que amanece y anochese lloviendo. En la totalidad de los Andes y Ctroamérica hay dos climas, Pacífico y Atlántico. Lo que explica que al lado Atlántico es donde está el bosque húmedo.

En cambio, en el Pacífico sentís cómo el bochorno anticipa el aguacero, y hay un cambio del viento fresco que precede al nubarrón. Por eso en Managua a nadie agarra desprevenido el aguacero. Y en el momento del chaparrón se produce una interrupción general de las actividades, que es cuando la lluvia se vuelve un estado de intimidad. Aunque, cuando estuve después del terremoto, vi que los techos de zinc han reventado el sonido de la lluvia. Pero siempre se huele el ozono, como un olor a teja mojada.

Recuerdo que en Nic no había cultura del paraguas porque sería inútil, lo que había era la sombrilla de las muchachas para caminar bajo el Sol (eso me llamaba la atención de los ticos, que hasta el boyero iba con paraguas); y sólo cuando a los 18 años llegué a Italia tuve que pensar en coger un paraguas, y decidí que prefería mojarme bajo la lluvia; porque en estos países la vida no se para por la lluvia. Con tu postal me has hecho sentir lo que me gusta la lluvia, que aquí la siento caminando sin paraguas, pero no es la misma lluvia del Monzón.

Otro día te cuento de cómo en Managua se sienten los vientos Alicios, el tiempo opuesto al regimen del Monzón. Si te has fijado que los Alicios entran un día de noviembre y cambia toda la vida, hasta los insectos son diferentes, se siente en el aire; y un día de mayo entra el Monzón, y florece el cortés (y se multiplican las moscas, que se paran boca abajo cuando va a llover). La otra cosa que me encantaba de chavalo era seguir las sombras del Sol entrando por las ventanas, que en mayo y junio el Sol de mediodía entra alto por las ventanas del lado Norte de las casas (tiempo del Monzón), y en diciembre el Sol de mediodía ilumina las ventanas del lado Sur y entra por debajo de los aleros hasta iluminar la pared del fondo (tiempo de los Alicios). Y así cada mañana y cada tarde a las mismas horas seguía la marcha del Sol desde mi pupitre. Todavía, antes de subir al bus o a un avión siempre pienso a qué lado me voy a sentar.

En Costa Rica y Colombia, he vivido casi lo mismo que en Nic, pero con algunos cambios. Aquí, en cambio, por la latitud los contrastes climáticos y astronómicos son muy exagerados. Me gusta más el Trópico.

A propósito, esta es la razón de que la foto de 30 aniversario de los trabajadores de END está sobreiluminada y los rostros están reaccionado al exceso de luz. Tenían que haber calculado la hora. En Nicaragua hay luces atmosféricas muy bonitas y de buenos efectos fotográficos, pero hay que saber entenderlas. No me imagino poder hacer fotografía sin sentir la luz del Trópico.

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