
El 15 de mayo del 2010 a las 5 y media de la tarde nació mi hija, Luna, esperada por 10 meses, al parecer estaba muy cómoda dentro de mí como para querer salir a este mundo tan cambiante. Desde la tarde del día anterior, empezaron las contracción, las primeras bastante manejables, ya las de la noche del viernes 14 se fueron tornando más intensas, luego al llegar el sábado ingrese a la clínica y pase todo el día con contracciones que cada vez fueron haciéndose mas fuertes, lo que me motivaba era saber que pronto la vería, la tendría en mis brazos.
Hace unos años si me hubieran contado que viviría esta experiencia tan única no lo hubiera creído, no era algo que hubiera cabido en mi mente y en mis ideas de vida o planes. Al darme cuenta que estaba embarazada mi mundo cambio, las ideas de la vida como las tenia posicionadas tambalearon y tome la decisión de seguir con el embarazo pues sentí que a pesar de los temores, las inseguridades o los miedos en relación al embarazo y a tener un hijo y todo lo que implica, valía la pena, por mi, por ella (Luna, mi hija) y por todo lo que el proceso demandaba de mi como persona, sobre todo si quería dar lo mejor de mi, lo mejor como persona, lo mejor como madre.
Luego de ver a mi hija salir de mi vientre, de escuchar su llanto, de verla al lado mío, de saber que estaba bien, experimente una sensación de bienestar al saber que habíamos (mi pareja y yo) hecho todo lo posible porque en el embarazo ella estuviera bien, y al momento de su nacimiento saber que todo el proceso también busco siempre como ella estuviera bien; el buscar ese bienestar para otro ser humano, único, bello, conectado a mi.
El verla me hizo sentir que todo tenia sentido, las piezas ya encajaban perfectamente al verla a ella, ver su cara, sus ojos, escucharla y ver como iniciaba su camino en este mundo, conmigo cerca de ella, con su papá amándola, amándonos los tres.
Ya ayer mi bella Luna cumplió una semana fuera de mi vientre, y me ha enseñado tantas cosas en estos dias. Principalmente me ha llevado a reconocer y aceptar que la vida no se vive planificándola, o controlándola, muchas veces intenté, y se que muchos y muchas intentamos controlar las variables para estar bien. Pero la vida sin riesgos no es vida, la vida sin la incertidumbre y sin los temores no es real, la vida no se da sin miedos y sin dolor, se da con todo ello incluido, en conjunto claro con la alegría, con la emoción de sentir, con el tacto entre dos-tres personas que se aman (mi hija, mi pareja y yo) y con la capacidad de tomar y aceptar cada momento como único, irrepetible, y positivo; aunque al inicio en algún momento no lo parezca al principio.
Lo otro que he aprendido es que no hay un punto en el que ya lo viviste todo o al menos gran parte, al contrario, la vida esta llena de muchas vivencias y experiencias tan diversas que toda una vida no basta para vivirlas, pero esta experiencia de ser madre de mi hija, de verla todos los dias, las madrugadas, cuando llora, cuando le doy de mi leche producida con amor hacia ella, cuando junto a mi pareja la observamos y recordamos el momento en que nos dimos cuenta de su concepción; es algo que me sorprende todos los dias, me mueve, me motiva a ser mejor, me reta, me fortalece y me hace sentir viva también.
Ahora me toca equilibrar mi vida personal, mi vida de pareja, mi vida laboral como un todo junto con la presencia, ya fuera de la panza, de mi hija, es una labor que se construye en el día a día, e iré aprendiendo en cada paso, en cada momento único e irrepetible.
Lo nuevo es que ahora no tengo planes, y tampoco creo que se como va a ser todo; al contrario es una dimensión totalmente nueva y desconocida pero que se da sobre una fuerte base de intenciones claras, de voluntad, de respeto mutuo, de alegría, de honestidad y sobre todo de amor, de saber que si yo estoy bien ella esta bien, que si mi pareja y yo estamos bien, será mucho mejor para ella, y aportar hasta donde sea posible porque su camino en este mundo sea lo mas humano y digno posible; cosa que tanto falta hoy en día.
Gabriela Montiel, gabrielamontiel13@gmail.com
http://gabrielakame.blogspot.com/
5 comentarios:
Muchas felicidades, Gabriela, por tu maternidad vivida con tanta conciencia y alegría. Los bebés´nos ensañan mucho sobre el momento presente y sobre el "ser" más que sobre el "hacer", Luna es un regalo que te escogió a ti a tu pareja para aprender lo que le toca aprender en este mundo.
Cambios de vida, cambios de ser, Luna vino desde tu vientre y nos inundo de luz desde su tamañito, nos trajo una invitacion a dar lo mejor de nosotros, caminemos ahora los tres, las amooo
¡Qué lindo Gaby! Imagino que ahora el amor más que nunca invade tu vida. Me alegra saber que los tres están bien. Wow, espero que sigás expresándote como lo hacés... Liberá todas esas emociones, que dan gusto saber de ellas. Un abrazo.
Gracias Carmen, claro que mi Luna me reta y se que eso es positivo para ella, para mi, para la relacion con Alberto y para la vida.
Ethel...claro que sigo compartiendo con ustedes, y si es inveitable no sentuir felicidad con algo tan bello como la Luna....
Hola Gabriela muchas felicidades por tu nueva baby y el cambio de vida que tendrás al traer al mundo un nuevo ser, ahora queda el reto de aprender a ser padres y a Luna a descubrir este mundo tan complejo en el que como escribiste nunca se deja de aprender.
saludos, un asiduo lector de tus reflexiones sobre la vida :)
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