miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sujeto y objeto: Construcción del poder



Por: Gabriela Montiel

A lo largo de la historia de la humanidad, las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres; se han configurado en base a dos elementos fundamentales del comportamiento humano, tanto psíquico como social: Poder y dominación. Estas han construido una cantidad de estrategias y de entramados de funcionamiento, que hoy por hoy influyen en el pensamiento y en la acción.

El primer objeto de dominio para el hombre, y entiéndase por este termino lo que es, el sexo masculino y para la mujer; en niveles distintos de experimentación; fue el medio natural, la naturaleza, las plantas, los animales, el suelo, las semillas.

Fue a través de convertir al medio en objeto, a través de la enajenación, como un sujeto aparte del todo, que la humanidad logró desarrollar técnicas, hoy por hoy conocidas a través de la historia: la caza, la pesca, la recolección de frutos, la agricultura (que ameritaba experimentación con semillas), la cerámica, la fundición del hierro hasta llegar a los grandes avances tecnológicos de nuestro presente.

Al convertir algo en objeto para uso, manipulación, beneficio y placer personal, humano; el objeto queda reducido a la voluntad de la persona, al deseo, sometido bajo el poder de decisión y de acción que tiene el sujeto protagónico sobre el “objeto material”. En esta lógica de pensamiento y de acción la dominación es parte de la dinámica empleada en una relación desigual entre sujeto/objeto, entre el Yo/lo otro.

Un segundo objeto que el sexo masculino define bajo su lógica de pensamiento y de acción es al otro sexo, al sexo femenino, denominado sexo débil, el segundo sexo. Este segundo sexo - ya bíblicamente demostrado como extraído de una costilla del hombre - surge entonces como una consecuencia del primero, para beneficio de este.

El hombre al posicionar a la mujer como objeto, la construye en base a sus expectativas, a sus deseos, a sus necesidades, a sus gustos, a sus ideas, a sus imaginarios. La mujer entonces pasa a ser un objeto/producto en servicio del hombre y de la sociedad, en pos de hacer de la vida del sexo dominante una vida placentera, amena y tranquila.

Cuando la mujer es convertida en objeto debido a su condición biológica de reproductora pasando 9 o 10 meses de embarazo con un cuerpo enajenado, pariendo con dolor a como la condena un Dios misericordioso y gastando su vida en servicio de los hijos, del esposo, de la familia y de la sociedad; deja de ser protagonista y se convierte en cosa.

La conexión efectuada entre mujer/naturaleza para el ecofeminismo contiene la lógica de ser dominada, poseída, explotada, sembrada, penetrada, tal como si el cuerpo de la mujer se tratase de un hectárea de tierra disponible para el uso del hombre.

El desarrollo de la economía llevó a las sociedad a practicar modelos desiguales e injustos de producción y de distribución; procesos que en su marcha también convirtieron en objeto a grupos de gente que terminaron posicionados junto a la naturaleza y a la mujer, en un nivel óptimo para la explotación, la dominación y el abuso.

Los grupos que ocupan las líneas de pobreza en las sociedades, los grupos discriminados y excluidos, son producto de una lógica de pensamiento que ubica en una escala superior a los hombres mayores, poderosos, a aquellos que usan uniforme, a los religiosos, a los empresarios, a los políticos. Al mismo tiempo ubica al resto de personas, en unas sola masa lista para ser explotada: a los pobres, a los indígenas, a los afroamericanos, a las mujeres, a los obreros, a los campesinos y claro inalienables de las mujeres los niños y niñas.

Esta lógica es la que ha dado origen a muchas leyes que aprueban la desigualdad en las sociedades creando marcos jurídicos y morales permisivos para la dominación. Para el siglo XIII en la legislación española que a su vez era la ley que se aplicaba en la Nicaragua de esa época, y que convive con nosotros hasta la fecha, las doctrinas invistieron de autoridad a padres y esposos para dominar a las mujeres y varones menores de sus hogares.

Elizabeth Dore en su libro “Mitos de Modernidad: Tierra, Peonaje y patriarcado en Granada, Nicaragua”, plantea: “el privilegio patriarcal, contenido en los principios de la patria potestad, otorgaba a los hombres de mayor edad una amplia gama de prerrogativas para controlar el trabajo, los cuerpos y la propiedad de sus subalternos” y… “el patriarca ejercía el poder, controlaba el trabajo y exigía obediencia”. En esta secuencia de ideas, patriarca (hombre) y Estado/Iglesia se han arropado con la autoridad y el poder de dominar al resto de subalternos (hombres de menor valor), mujeres y niños.

Esto da lugar a la manipulación y abuso por parte del estado, a la expropiación de las tierras indígenas que sufrieron las comunidad originarias de nuestro país y que construyó la riqueza de los actuales hacendados y propietarios, a la imposición de una institución machista como la del matrimonio en un territorio indígena en el cual esas normas morales y sociales no existían, y a la constante lista de feminicidios, abusos sexuales y violaciones cometidos por hombres de familia, de Estado y de religión

Toda praxis es construida en base a dos partes o más, habrá que revisar el pensamiento, imaginario y acción de pobres, obreros, mujeres, niños/niñas e indígenas, todos en conjunto con el planeta para identificar que elementos hay que transformar para poder subvertir estas realidades desiguales que tienen su origen en el pensamiento y paralelamente en la acción cotidiana. Es necesario redefinir entonces que realidad se quiere vivir y en cual se decide posicionar cada uno de estos grupos: en la realidad de un sujeto activo o de un objeto pasivo.

http://gabrielakame.blogspot.com/

Artículo publicado en el Nuevo Diario, enlace: http://www.end.com.ni/opinion/92957

Artículo publicado en La Brújula, enlace: http://www.labrujula.com.ni/files/edicion/1294943286_Edici%C3%B3n%20112.pdf

lunes, 13 de diciembre de 2010

La otredad: la mujer


En el hilo constructor de las identidades se configuró a lo largo de la historia de la humanidad un Yo, y el otro. Bajo esta lógica el Yo, definido por el hombre, se presenta como un poseedor de autonomía, un productor de cultura y un sujeto de la realidad, de su realidad.

Dentro de esta misma lógica aparece la mujer, según desde el enfoque religioso/manipulado, no creada espontáneamente sino para satisfacer las necesidades del hombre, por lo cual es nacida de una costilla de su predecesor. Y es así como la mujer se construye de una manera diferente al hombre, se construye en base a lo que este necesita, a lo que este desea, a lo que este odia o rechaza; y por ende no se manifiesta o expresa como sujeto de la/su realidad, sino como objeto de la realidad en general y de la realidad del otro, para el otro.

La mujer por su característica biológica y fisiológica de poder gestar a otro ser humano, hombre o mujer, es que históricamente ha sido asignada e inclinada hacia la naturaleza, puesto que la naturaleza es el espacio en el cual surge la vida, las plantas, los animales y la siembre; el cuerpo de la mujer pasa a entenderse como espacio y no como sujeto y es así como la mujer y la naturaleza han estado desde el imaginario construido en la evolución humana como un binomio.

Luego, en el caso del hombre que a partir del desarrollo de la agricultura como medio de producción prioritario y dominante en la cultura del neolítico, ha ido asiéndose de una serie de características en su identidad que le han asignado y le asignan un poder y dominio sobre el resto de seres, mujeres, niños ancianos y hombres de “inferior escala”, los que a su vez forman parte de su territorio dominado.

La mujer entre las tantas situaciones que la desempoderan, desde la crianza, la educación formal, la religión, la política, el estado; su condición de mujer, de reproductora de la especie más que una virtud es una doble sumisión a su pseudoindentidad.

La mujer es construida socialmente y ante todas las cosas con el objetivo de “dar vida” y a lo largo de la infancia y la adolescencia aprende en los espacios primarios de su vida a como ser mujer. La mayoría de esas programaciones o “mandatos de lo que es ser mujer” se aprende de las otras mujeres ya sometidas y asimiladas dentro del sistema masculino.

La mujer se define en base a tres requisitos: en primer lugar, su sexualidad y su necesidad de satisfacer sus placeres no le son algo reconocido como derecho, al contrario, se le enseña a que esos “temas” no son objeto ni de lo público y tampoco de lo privado; ámbito en el cual tampoco se fomenta una comunicación entre los géneros que permita la construcción de identidades y de sexualidad mas libres y menos limitadas.

Muchas veces la primera vez que la mujer sabe de su vagina es hasta que va donde el o la ginecóloga. Contrario al hombre que desde la infancia inclusive usa su pene para competencias sobre quien de los chavalos del barrio llega más lejos con el chorro al orinar.

Luego, la mujer debe procurar estar “arreglada” para poder ser atractiva y deseable para algún hombre, esto es parte de los elementos que inyectan valía al objeto/cuerpo que se entiende que es la mujer. El hecho de no lograr ser vista con interés o ser buscada por algún personaje del sexo masculino debilitaría entonces la autoestima de la mujer, que pasa a ser catalogada como fea, menos mujer y con pocas probabilidades de cumplir con su objetivo de vida que según la sociedad es ser madre.
Se puede escuchar inclusive como entre los hombres y las mismas mujeres se habla de las mujeres que no “consiguen” tener parejas masculinas, diciendo que alguien talves les hace “el favor” refiriéndose a que alguien de “buena voluntad” hombre, la posea sexualmente para darle así sentido a su vida, y de paso si se puede dejarlo con el semen que se convertirá en un nuevo ser.

Y como tercer requisito, la mujer existe para servir a los demás: entiéndase: padres, esposo/pareja, hijos, suegros; lo cual deja la posibilidad de construcción y reafirmación de su posible identidad como un remoto suceso, que en la mayoría de mujeres no se llega ni siquiera a pensar pues tan muy ocupadas al pasarse la vida entera desde su nacimiento para ser y existir para los demás, en su mayoría hombres.

El hombre día a día expresa opiniones sobre lo que debe o no debe hacer la mujer, muchas relaciones de parejas existen en las cuales el hombre que aun no ha “recibido de su mujer” el anhelado “varoncito” le prohíbe a esta planificar, condenándola a una condición de esclavitud en la cual ella no tiene la posibilidad de decidir por su presente, ni por su futuro, ni por su propio cuerpo. Esta situación también adquiere un carácter de chantaje emocional en el cual el hombre manipula diciendo: “Si me queres teneme un hijo”, situación en la cual la mujer también asume un papel de dependencia y de objeto dominado.
O cuando médicos/hombres opinan sobre la necesidad de reducir la cantidad de cesáreas que se realizan en los partos, la mujeres últimamente han optado por la cesárea que por el parto natural y uno de los doctores que opina sobre el tema expresa: “Es necesario dar cursos en los cuales a las mujeres embarazadas se les haga ver que el parto es una experiencia positiva, que no es solo dolor como se lo han contado” o “también se debe hacer lo mismo con la lactancia, para que la mujer cuente con las herramientas para experimentar estos procesos”.

Me gustaría que alguien me explicara que hace un hombre hablando de cómo es la experiencia del parto o como se debe asumir la lactancia por parte e la mujer embarazada, sabiendo que fisiológicamente es imposible que sepa realmente de lo que esta hablando.

Si las mujeres optan por cesáreas en vez de parto natural es muy su decisión, es su cuerpo y es su experiencia, el que hombres, médicos, sistema de salud, lo vea como un problema y demande que se haga de la forma “tradicional” expresa que la supremacía del sistema masculino es tal; que pretende controlar hasta la forma en que la mujer decide parir.

Gabriela Montiel
http://gabrielakame.blogspot.com/

Artículo publicado en la revista de La Brujula:
Enlace: http://www.labrujula.com.ni/files/edicion/1292456032_Edici%C3%B3n%20109.pdf

Artículo publicado en el Nuevo Diario:
Enlace: http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/90983#top

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