Por: Gabriela Montiel
Olvido y negación, amnesia social, colectiva y familiar, son algunas de
las estrategias culturales que la sociedad nicaragüense, y que en general la
humanidad aplica en la vida cotidiana; tanto desde lo político, histórico y
social, desde lo individual a lo colectivo.
La sobrevivencia social y afectiva desde el individuo se presenta con
una serie de prácticas funcionales que en la psicología se denominan al menos desde
los primeros teóricos como mecanismos de
defensa, que permiten que la persona continúe con su vida y no se quiebre
emocionalmente, por eso se podrían catalogar como funcionales pues resuelven el día a día, esto si lo único
importante y relevante en la vida humana fuera el rendir ante las exigencias
sociales, laborales, afectivas y culturales, el asunto es que para bien o para
mal no es esto lo único que pesa.
En la dimensión personal que está estrechamente relacionada a la familia
y los espacios cercanos de socialización ya sean estos escuela, iglesia,
barrio, y otros la afectividad, la protección y la seguridad en conjunto con la
libertad de ser son los hilos que van cociendo la identidad, el Yo tan
estudiado, la conciencia que no es estática ni dura. Cuando alguno de estos
elementos, u otros que se podrían mencionar resultan dañados, heridos,
violentados, reprimidos o mutilados (cuando se les niegan a la persona) esta
experiencia marca la vida, la identidad, la conciencia y la afectividad de
agredido/a sea niño/a, adolescente, joven, adulto, la alteración es importante
de tomar en cuenta.
Ante una agresión que atenta y en algunos casos anula los elementos de
protección, seguridad, afectividad y libertad de ser la persona aprende desde
esos espacios socializantes empezando por la familia, ya sea nuclear,
extendida, la calle; las maneras y las estrategias de las que puede hacer uso
para sobrevivir ante estos quiebres claves en la vida humana.
Las estrategias ante el dolor, la pérdida, la soledad y las heridas en
la identidad son construidas desde los diversos ejes de la vida humana, social,
cultural, religioso, político, familiar; estos espacios y dimensiones
entendidos como ejes coexisten en la cotidianidad todo el tiempo, en diversos
niveles influyen las tomas de decisiones de las personas, los procesos de
cambio, las opiniones y sus memorias.
Desde la cultura un grupo conociendo o no su propia historia, dialogando
o no con su pasado, reconociendo o no a sus ancestros construye y configura
estrategias y procesos de cómo hacer frente a situaciones traumáticas, de
quiebre y de dolor/pérdida. En este sentido países que han experimentado en su
pasado ya reciente o lejano genocidios, guerras, dictaduras, golpes de Estado,
revoluciones; son espacios donde el dolor, el trauma, la soledad, la inseguridad
y la angustia divagan por las calles de cada lugar del territorio, puesto que
las muertes físicas son más que lo evidente puesto que significan duelos
colectivos y sociales y traumas que impactan en las identidades y en los
imaginarios de todos y todas los que conviven o malviven en los espacios donde
ocurren los eventos traumáticos de dolor/pérdida.
Así como a nivel personal el trauma se asienta en el espacio directo que
sería en este caso el cuerpo, el cual se convierte entonces en el espacio
marcado y en duelo con puntos de dolor que concentran el daño y la agresión
recibida. En el plano social el dolor y el trauma conviven en los espacios de
encuentro, las calles que cargan las historias de los asesinados/as, de los que
huyeron, de los que se escondieron, las esquinas de refugio, las casas
baleadas, los techos semidestruidos, las caras de las personas al recordar y su
llanto.
Este trauma colectivo se instala y no desaparece por más que una de las
estrategias más usadas ante este sea el OLVIDO.
Según la definición encontrada en Internet del verbo: Olvidar es una acción involuntaria que consiste en dejar de
recordar, o de guardar en la memoria, información adquirida. A menudo el olvido se
produce por el "aprendizaje interferente", que es el aprendizaje que
sustituye a un recuerdo no consolidado en la memoria, y lo
"desaparece" de la conciencia. Debemos recordar que uno recuerda que ha
olvidado algo, es decir que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí,
por lo tanto los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en
el inconsciente.
Por lo tanto podría reflexionarse en que la estrategia de olvido es más una estrategia de calmante psíquico, de revolver la mente y enllavar en puertas bajo 10 llaves verdades, historias, relatos que dañaron, que duelen y que para no sentir ese dolor es mejor ocultarlo, no decírselo a nadie, no evidenciarlo.
Esta realidad sumada a la creciente condición de impunidad que reciben los agresores, sean estos individuos, familiares, parejas, desconocidos, el Estado mismo, el ejército, la policía, países extranjeros, una trasnacional se convierte entonces en el ambiente idóneo para que la estrategia de olvido sea una de las mas usadas, sostenida por expresiones como: Para que voy a hablar si de nada sirve, No me van a creer, A ellos nunca les hacen nada, El tiene dinero y puede hacer lo que quiera; en fin hay una lista interminable que se podrían construir en base a esas ideas instaladas desde los imaginarios sociales que no son casualidad sino producto de la historia y de las dinámicas socioculturales de un espacio familiar, local o nacional.
El que hace cada quien con sus heridas y con sus traumas no es una
cuestión personal, es una herencia de familia, es un aprendizaje colectivo que
se ha inyectado en los imaginarios de las localidades, de un país, de un
territorio que asimila las experiencias traumáticas como eventos que deben ser
eliminados de la conciencia, de la historia y de la memoria o los asume con
todo lo que eso significa. Es entonces algo que está lejos de ser personal, las
estrategias que se utilizan ante realidad y situaciones de
dolor/pérdida/agresión desde las familias, hacia lo social/global.
El olvidar en nuestra realidad es parte del día a día, se olvidan las
noticias, puesto que la información de los diarios, de la televisión no
construye ni memoria ni ciudadanía, mucho menos historia sino verdades
parciales y hegemónicas que rozan con los discursos llenos de ausencias y de
parches de la clase política, de la publicidad y de la religión.
En un documental titulado "Good bye Nicaragua" un periodista de nombre Peter Torbiornsson realiza una reconstrucción de su memoria y de las memorias de otros
periodistas implicados en un atentado ocurrido en La Penca cerca de la
frontera con Costa Rica, atentado que luego de ir recuperando parte de las pérdidas de
una historia, apunta a responsabilizar de este hecho que marcó de manera
negativa la vida de periodistas de diversas nacionalidades, al FSLN,
específicamente a Tomas Borge y a todos los que sabiendo lo ocurrido callaron y
utilizaron de manera brillante y cruel, como una revolución lo amerita (a como
se ha aprendido que es una revolución) los mecanismo de defensa, no hicieron
nada por hacer justicia a los afectados.
Una de las entrevistas que se encuentran en el documental se le hace a Omar Cabezas quien responde a una de las periodistas sobrevivientes al atentado y colaboradora de Peter T. ante la pregunta de porque no se ha hecho nada para atender a la denuncia que este periodista realizó en contra de Tomas Borge, luego de una risa Omar Cabezas expresa de manera parafraseada: El pasado es mejor dejarlo atrás…A mi me mataron 3 hermanas y yo no voy a estar recordando eso o denunciando, ¿para que? Luego otro va a salir diciendo que yo le
mate a alguien y así luego salen otros ¿Para que?
El olvido es usado como la mejor respuesta y estrategia, antes que enfrentar los
propios dolores y reconocer las propias heridas y las de los otros y otras. Luego de tanto olvidar el territorio se convierte en una fosa común andante,
los muertos caminan al lado de todos y todas las que habitan los espacios
sociales marcados, el gran cuerpo, lleno de puntos de dolor, que en Nicaragua
suele ser el campo, el bosque, la montaña, pero también los cuerpos de
sobrevivientes de la guerra con mutilaciones físicas, emocionales y de
identidad, la ciudad, Managua con su gran esfera de incertidumbre y de olvido.
Olvidar no cura, pero resuelve, y como se ha construido en las mentes de
hombres y mujeres vinculado con el sistema económico global la idea que rendir
es más importante que vivir entonces
al parecer vale más el cuerpo para medio existir que el recuerdo y la
conciencia de reconocerse en medio de una historia, de una memoria colectiva,
familiar y personal, de sanar y de aprender a coexistir con el pasado, con los
otros y otras y con uno/a mismo/a.
