sábado, 28 de enero de 2012

Desmenuzando los Culebrones culturales y su efectos en el público



Por: Gabriela Montiel

La tendencia de alargar dinámicas, discursos e imágenes, de reutilizar al exceso un objeto cultural, una idea, es parte de lo que se podría denominar tendencia a los culebrones culturales.

En el lenguaje popular y relacionado con la dinámica mediática, los culebrones son entendidos como aquellos programas televisivos, generalmente telenovelas, encargados de alargar un drama del cual ya todos/as los/as televidentes conocen el resultado, hay una víctima, un hombre o mujer deseado/a, que es conflicto entre dos personajes secundarios, lo  que estirará la trama para probar las maldades y bondades de los personajes.

Esta trama remasticada por los productores de dichas telenovelas refleja la vida prefabricada y mal actuada de personajes que conectan con los/as que disfrutan, se identifican y juegan a aprender valiosas lecciones a través de estos contenedores de programaciones culturales.

Las novelas no surgen de la mente autónoma de un guionista, contienen elementos vividos  por una sociedad y  una cultura, los cuales  son maquillados, planchados y semi actuados por los actores y actrices contratados para devolverles como bocado regurgitado e inflado; esas historias y realidades a lo que se convertirán en televidentes y seguidores de la trama de las vidas sufridas de los personajes, historias que vienen a conectar de manera subjetiva y concreta con los imaginarios de los/as espectadores/as.

El gusto por los culebrones conecta con el hábito social de la fijación hacia tramas, discursos y escenas culturales que por su repetición y lealtad a los guiones heredados desde la historia  no cambian mucho, lo que si cambia son los actores, los momentos y las locaciones en las cuales se desarrolla la puesta en escena.

Desde la antropología política y los estudios culturales de las dinámicas que conforman la denominada  cultura política se trabaja con las categorías dramas sociales y juegos políticos, desde las cuales los culebrones entran como un tipo de escena sociopolítica en la cual hay actores y espectadores.

Los guiones de estas escenas políticas poseen  tendencias fijas, el bueno/malo, los aliados del protagonista, alrededor del cual se desarrollan una serie de tramas que pueden contener alianzas, venganzas, chismes, estrategias de desprestigio y de negociación, que se plasman en los parlamentos de los dramas políticos.

Estos  guiones fieles a sus patrones obsesivos y repetitivos, se complementan a su vez con el papel representado y asumido por los espectadores. En el caso de los culebrones políticos, serían la ciudadanía, los medios de comunicación televisados o escritos, las organizaciones políticas siendo todos estos grupos espectadores periféricos a las grandes personalidades, figuras e imágenes.

Dichos espectadores tienen diferentes niveles de relación con la puesta en escena. Algunos/as puede que sean distantes y  tomen como fuente de entretenimiento, de ocio o de curiosidad temporal lo que sucede en el escenario político cultural.

Otros desde los diversos grados de subjetividad con los cuales un/a espectador/a se puede relacionar con la trama, guión y actuación de una puesta en escena, tenderá a tomar bandos, identificarse o idealizar a los personajes, todo esto al punto de inclusive conectar la emocionalidad personal con la realidad, eventos y momentos significativos o de quiebre entre los personajes a lo largo de la puesta en escena.

Hay unos/as que realmente vinculados con la trama asumen posturas de conexión directa con la puesta en escena, la cual consideran una historia verídica, de este modo el aliado (personaje idealizado) es quien importa dentro del imaginario del espectador y el enemigo (personaje que se condena o se juzga) es a quien se debe eliminar, y solo hay una forma de entender e interpretar la trama, la que conecta las necesidades del espectador con lo ofrecido  por el drama político.

Los mensajes enviados a los/as espectadores desde el escenario, desde los parlamentos, los movimientos, los tiempos y las escenas pasa a entenderse como una realidad política dentro de un espacio social y de interacciones simbólicas que asientan su ejercicio en un performance maquinado,  en el cual sin ensayo previo los personajes asumen los papeles heredados por la historia y las tramas asignadas por una cultura política validada.

Los parlamentos poco cambian, aún cuando los tiempos, las fechas y los siglos si lo hagan. Las programaciones culturales, guiones y escenas que conforman la cultura política de cada comunidad o grupo y la relación actores/espectadores pasan a ser una tradición bien mantenida desde la lógica del entretenimiento, la vinculación emocional y la total credibilidad de su mensaje. Los actores/actrices ríen después de cada función. 


Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/240398

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