sábado, 14 de enero de 2012

Futuros escenarios para cuerpos y campos representados



Por: Gabriela Montiel

Las mujeres que en el corto, mediano y largo plazo van a ser violadas tienen un elemento básico en común, no saben ni se imaginan que serán violadas por alguien, que en algunos casos no conocen, en otros que se podría sospechar y en algunos de parte de sus propias parejas o familiares.

Estas mujeres, que sin brindar cálculos exactos, un porcentaje importante y vidas esenciales, experimentan dos estados de conciencia vinculados con la posibilidad de ser violadas.

El primero consiste en el hecho de tener el temor, presente en la cotidianidad, a la salida del trabajo, en una calle oscura, al tomar un taxi, al bajarse de una ruta, al salir de una fiesta, al tomar aire fresco de un karaoke, al pedir raid; de que pueden llegar a ser violadas.

Este temor constante dirige en este tipo de mujeres de alguna manera la brújula de para estar atentas cuando caminan por la calle, para observar de manera disimulada a algún tipo o grupo de hombres que vayan caminando detrás de ellas, por una esquina, o que intuya la observan de lejos.

En estos casos, para estas mujeres que conviven y tratan de funcionar con el miedo a ser violadas las sospechas y el temor, la paranoia nocturna, urbana, al extraño, a los grupos de hombres por las esquinas, en las paradas de buses, por los parques, las canchas de baseball o de futbol, en fin por todos los posibles lugares espacios o focos de la ciudad en los cuales podría estar posicionado y observando como buen cazador el posible o futuro agresor/violador.

En un segundo nivel de conciencia, están las que sin tener presente este temor de manera concreta, ya sea cuando toman un taxi o caminan por una calle oscura, llevan de manera inconsciente el temor impregnado en el cuerpo, en la psique, en el imaginario. Porque aún cuando existan víctimas masculinas, las mujeres son las que de manera más determinada han sido configuradas para temer lo que debido a su cuerpo les pueda ocurrir, sus genitales y su fisionomía invitan  a ser ultrajados, esto desde el imaginario social que en cada cultura y sociedad con sus diversas variables y variantes este presente.

El cuerpo, materia y espacio desde el cual hombres y mujeres se relacionan con el mundo, con lo social, con lo afectivo y con la cultura es un campo de significados e imágenes que desde los procesos de configuración de identidades y desde la programación social juega un papel fundamental en lo que resulta ser la vida cotidiana y el sentir/se en las distintos escenarios y pasadizos de interacción.

El cuerpo como referencia, punto de partido y representación/presentación de lo que se es, se cree ser y se aprende a ser, contiene y manifiesta en su interior y exterior las vivencias, experiencias y discursos de quien lo porta, sea este que posea una vagina, un pene, o este en transición ya sea psíquica o corporal.

El asunto es que en el cuerpo/ campo se vivirán una serie de historias, memorias y olvidos (que no se lea literal esta palabra) que contendrán de manera tal como el ADN la genética humana y su herencia, la información y la esencia clave para graficar la afectividad, los temores, las historias y las representaciones que este avatar humano/corpóreo ha ido asumiendo como suyas y como parte de la identidad, pues la identidad corpórea es una y muchas veces la psíquica, genérica y social/cultural es otra. No responden a la lógica matemática sino a la parte de la física cuántica de las posibilidades.

En el cuerpo denominado femenino, esto desde la concepción e imaginario que definiría lo femenino en contraposición con otro denominado masculino, que vienen  a ser  ambos fronteras poco razonables pero usadas desde la medicina, la política, lo social; ocurren una serie de dinámicas, instaladas a partir de un sistema de significados relacionados entre sí que asumen que esta corporalidad deba ser un campo plagado de dolor, incomodidad, inseguridad, debilidad, enfermedad, descontrol, suciedad, pecado, represión y condena.

Categorías entrelazadas con otros sistemas de relaciones de significados que bien podrían adentrar en las cosmovisiones y en las ideologías que cada sociedad y cultura haya construido y desmonte para luego resignificar en el transcurso de los procesos de instauración de creencias, de valores, de ideas, de pensamiento y sobre todo desde los imaginarios.

Dichos imaginarios guardan una estrecha relación con lo que se representa, con lo que se teatraliza, con lo que se asume como el rol, el papel que toca trabajar en esta semiprogramada realidad que a muchos y muchas les resulta natural, dictada por un ser divino, parte de la evolución y por ende algo incuestionable o meramente algo que debe ser así como es porque sí.

El cuerpo asume estas representaciones y entre los códigos que se insertan en el campo corpóreo de lo tachado como femenino junto con las categorías mencionadas en 3 párrafos anteriores, el miedo es un motor permanente en la cotidianidad, en la vivencia de la sexualidad, en la incursión de lo público que depende de lo privado y viceversa, y en la posibilidad de desdoblamiento  que sea posible o no en cada cuerpo portado por cada persona que asume llamarse Carla, Lucía o Ximena.

Las mujeres que serán violadas en los próximos meses, en todo el 2012, las que serán asesinadas, algunas lo sospechan, otras no, algunas viven asumiendo ese temor, otras lo manejan en su inconsciente, en las pesadillas, en el temor a su propio cuerpo, a su sexo, a sus orgasmos.

Estas mujeres contienen en su imaginario, en su cuerpo, en su emoción, en la vivencia cotidiana los códigos configurados de un espacio/cuerpo/campo que ha sido tachado de pecaminoso solo por ser, y por lo tanto de ser proclive a ser invadido, castigado y violentado pues solo hecho de ser lo que es y ser como es provoca que las agresiones, que los/las agresores/as apunten sus intenciones sádicas y de posesión a esta materia andante a la que solo le queda asumir el miedo y caminar con este cada día, hasta que se concrete o se evite, hasta que se enfrente, se luche contra este y se pueda reinventar un cuerpo en el cual estos códigos sean otros y los que ahora están impregnados en las células de este cuerpo de Pamela, de Martha o de Inés solo sean un antecedente amargo que dejara entonces aprendizajes valiosos para los otros cuerpos e identidades que están creciendo y para los/as que viene también. 

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