Por Gabriela Montiel
Vanesa
tiene un perrito pequinés de menos de un
año al que pasea todos los días por la colonia en la que reside. Se sienta con
él en las bancas que están por el campo de beisbol del lugar, le sonríe, le
habla como se le suele hablar a los bebés, hasta la voz le cambia, lo chinea,
lo mece y lo cuida del viento y de los otros perros más grandes los cuales
pueden golpear o agredir a su pequeño perrito. Es más, hasta lo cuida de los
humanos, no vaya a ser que no se fijen por donde caminan y lo pateen o golpeen
sin intención, o con ella. Vanesa toma todas las precauciones posibles para
proteger a su mascota.
Cuando
no lo está cuidando, lo controla. Le grita diciendo “Venite para acá Junior te
digo, haceme caso jodido, que te vengas, si no me haces caso vas a ver…pasame
ese palo, que te vengas”, en fin es otra de sus manifestaciones de amor y de protección hacia su querida y
amada mascota.
Lo
interesante de este cuadro, es que no hay mucha diferencia con la relación que
guardan las mujeres de todas las edades, entre esta forma de vinculación que
consiste en protección/control de las mascotas animales y en la relación que se
establece entre las mujeres y los niños, pequeños, sean estos hijos, hermanos,
sobrinos.
En
la misma colonia del inicio de este artículo, en una casa que está encerrada
por verjas blancas se puede apreciar a dos niños de entre 3 y 5 años jugar
desde el fondo, moverse de un lado para otro, y hablar desde detrás de las
verjas, casi no se ven, por las verjas que solo cuentan con hoyitos pequeños,
pero se les escucha, llorar, gritar y jugar. Encerrados.
Cerca
de esa casa a un perrito pequeño lo tuvieron amarrado a un árbol de la calle
por dos semanas, retorciéndose y aullando, amarrado sin poder estirarse bien ni
relajar los músculos. Situación parecida a la de los pequeños encerrados,
previamente mencionados.
No
solo en la dimensión del control se asemeja la relación de los humanos con los
niños y las mascotas animales. El tema de la protección y del performance que
esta vinculación emocional implica alcanza niveles creativos de manifestación.
A
las niñas de dos años ya se les hace andar de taconcitos, aunque renqueen y
caminen más lentamente, a los perritos se les ha domesticado para andar el pelo
de cierta forma, se les lleva al salón de belleza para perros, se les chinea en
vez de dejarlos correr lo que limita su desarrollo y bloquea sus instintos
básicos de movimiento, lo inhabilita, les quita capacidades y los transforma en
lo que para el imaginario humano viene a ser como el ideal de mascota fetiche,
bonito, arreglado, limpio y los más humanoide posible, alejándolo de su
naturaleza canina y llevándolo a niveles de personificación cercana de un niño
humano.
A
los niños y a las niñas también se les
coarta su desarrollo en aras de esa tan defendida protección y cuidado, de
hecho muchos adultos, hombres y mujeres, usan ahora esas mochilas estilo correa
por medio de las cuales controlan la distancia permitida que los pequeños/as
pueden avanzar y si se pasan un poco de este límite pues a jalar la correa
infantil. O simplemente pasan tras las verjas de la vivienda, observando de
lejos la calle y a los otros niños/as que pasean por ella.
Las
libertades de movimiento, el control, la protección, el mismo fetichismo
relacionado a lo que se impone como vestimenta, como accesorios de uso y de
disfraz para niños, niñas, posee alta similitud con las exigencias que se
construyen en base a las mascotas animales.
La
comunicación verbal y corporal, las señas y los sonidos son muy parecidos, las
amenazas, las recompensas, los juegos incluso, las maneras de deshacerse de los
pequeños es muy parecida a la manera de hacer a un lado al perro cuando esta
estorbando. Aunque algo significativo para analizar es el caso de cuando los
perros, las mascotas son mejor cuidadas que los niños y niñas de la casa, pasan
estos últimos a ser entonces a ser parte de un nivel de atención y cuidado
secundario y en un primer lugar se ubica la persona
de la mascota animal, que mas allá de humanoide pasa a ser parte de la
familia, tiene un nombre, una comida, un lugar de dormir, una relación íntima
con los dueños, hombres y mujeres y una vinculación de dependencia y no de
autonomía con ellos y ellas.
Puede
que este elemento de la dependencia sea el que conlleva a valorar y atender más
a un perro que aun niño/a humano/a, debido a que el niño humano habrá que
pegarle para que haga caso, esto según el imaginario familiar/social/cultural
de los adultos, mientras que el perro se domestica, a veces hasta se oyen
expresiones como “parece gente porque entiende, porque hace caso” en referencia
a la conducta obediente y dependiente de las mascotas animales, en este caso de
los perros.
Puede
que la mascota humana, los niños y niñas, por tener como característica de
desarrollo de la personalidad, la curiosidad, el lenguaje hablado, las rabietas
y el enfrentarse con la autoridad represora, sea un objeto/fetiche poco
atractivo o menos atrayente para el imaginario humano en cuanto a sus
necesidades de dominar, controlar, poseer y sobre todo
manipular/instrumentalizar las identidades, tiempos y vida de aquellos seres
que se les ubica como protohumanos o humanos en etapa inicial, en la cual están
incluidos los perros.
Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/242115
Artículo publicado en el Nuevo Diario
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/242115

1 comentarios:
♥
Excelente artículo, Gabriela. Un abrazo.
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